Archivos Mensuales: julio 2014

Arroz con leche (v)

image

Reconozco que se me está haciendo cuesta arriba lo de licuar absolutamente todo. Estoy cansada y busco nuevos sabores. La ansiedad me lleva al azúcar y a lo dulce y no puedo evitar sentirme culpable cada vez que me doy atracones de postres comprados. Siento que me hacen tremendamente mal, son bombas de azúcar y lácteos. A eso se suma el hambre constante. Vivir a líquidos no es fácil. Así que se me ocurrió hacerme un arroz con leche, es algo que siempre me ha encantado y decidí probar de hacerlo con leche vegetal y luego licuarlo. Me quedó riquísimo y no me duró nada, así que ya voy a tener que hacer más… dejo la receta:

Ingredientes: 1 lt de leche de avena, 3/4 tazas de arroz, ralladura de cáscara de un limón, media rama de canela, 2 cucharadas de azúcar. Canela molida para servir.

Preparación: Hervir 3 minutos la leche con la ralladura y la rama de canela, revolviendo suavemente. Agregar el arroz y dejar hirviendo a fuego bajo durante unos 30 minutos. Controlar que no se acabe el líquido y agregar más si es necesario. Una vez terminado agregar el azucar y revolver.

Para quienes puedan masticar, ya está listo, para los que necesitamos licuado… a la licuadora. Se sirve con canela espolvoreada y además de ser delicioso es sumamente llenador.

Espero que lo gocen!

Anuncios

Yogur vegano

image

Dicen que los esquimales pueden distinguir entre 30 tipos de blanco y que tienen 40 nombres para lo que nosotros denominaríamos genéricamente ”nieve”. Yo puedo distinguir unos 25 tipos de textura diferentes dentro de lo que la gente denominaría simplemente ”crema” o ”licuado”. No será un superpoder, pero es la habilidad que desarrollé.

El asunto es que me decidí a lograr la textura del yogur en mis licuados de frutas, para así prescindir de una vez por todas del maligno lácteo adictivo. Y lo logré. Lo he dado a probar a mis amigas con gran éxito así que estoy muy contenta. Ahora desayuno y meriendo yogur con granola (si, granola, ahora les cuento como la como) sin culpa y sanísimo.

Necesitamos: 3 manzanas – una cucharada de chía – 2 bananas – una taza de frutillas – azúcar – ramita de canela

Pelamos y cortamos las manzanas y las ponemos a hervir con dos cucharadas de azucar y una ramita de canela. Mientras esto se hace, colocamos la chía en un vaso con agua y la dejamos que se vuelva gelatinosa.

Una vez que las manzanas están blandas, esperamos que se enfríen un poco y metemos a la licuadora todo, manzanas con su agua, chía, frutillas y bananas.. Dejamos reposar un poco y listo. Nos queda un delicioso yogurcito. Supongo que es porque la chía gelifica en líquido y por eso queda con esa textura a yogur. La verdad no lo sé, pero queda buenísimo.

Que cómo le hago para comer granola?? Muy simple. Me compro la granola sin miel, un mix delicioso que hace un amigo mío que hasta castañas, nueces y dátiles tiene y cuando me lo trae lo paso por la uno dos tres y lo vuelvo polvo. Luego lo agrego a cucharadas a mis batidos y listo. un combo extra super sano y delicioso.

Leche de avena

Hay cantidad de razones por las cuales no consumir leche ni derivados lácteos. Las razones se multiplican si uno es un paciente oncológico. Brevemente las resumo a continuación y dejo mi receta de leche de avena que además de ser mucho más sana, es deliciosa.

Está comprobadísimo que la leche vacuna que habitualmente tomamos es mala para la salud, así como la ingesta desmesurada de lácteos. Si bien se nos ha dicho habitualmente que los mismos son los que nos proveen de calcio, está comprobado que nuestro cuerpo no está preparado para absorver los nutrientes provenientes de los derivados lácteos y una muestra de ello es que las sociedades occidentales y muy especialmente las organizadas en base a un sistema ganadero (como las latinoamericanas), grandes consumidoras de lácteos, son las que detentan mayores índices de osteoporosis (falta de calcio en los huesos) en comparación con las sociedades orientales donde el consumo de lácteos no se encuentra tan difundido.

Por otra parte, el exceso de proteínas animales y la mala asimilación de las mismas por parte del cuerpo humano es considerada una de las causantes del cáncer. En occidente, una de las primeras escuelas de nutrición que retiró los lácteos de la lista de alimentos recomendados para el consumo habitual es nada menos que la de Harvard. Fácilmente puedan googlear Harvard y leche y les salen cantidad de artículos. Al respecto también recomiendo leer el libro El estudio de China del Dr. Campbell, científico ampliamente reconocido en el ámbito del estudio de las proteínas y su asimilación del cual pueden encontrar el link en uno de los posts anteriores.

También se suma el hecho de las tremendas condiciones de expoltación ganadera, muchas veces asimilables a la tortura y el hecho fácilmente razonable de que los humanos somos los únicos animales que tomamos leche a lo largo de toda nuestra vida pero no solo eso, tomamos una leche de otra especie. Porque como siempre le recuerdo a los que me preguntan al respecto, le leche de vaca, es para el ternero, no para nosotros.

Procuro reducir mi consumo de lácteos al mínimo indispensable. Reconozco que sobretodo en momentos de ansiedad y desesperación, en los que el estado de mi boca ha sido sumamente delicado, he sido una gran consumidora de postres comprados de chocolate y vainilla. La primer semana de mi posoperatorio fueron prácticamente todo mi alimento. Pero existen recetas de estos postres sin leche vacuna y también sin tanta azúcar que son mucho más sanas, luego subiré alguna.

La leche de avena es extremadamente rica en vitaminas y nutrientes, ademas de tener un potente efecto saciador (llena rápidamente con una taza) y también relajante gracias a su componente la avenina, lo cual la convierte en un snack sano ideal para momentos de ansiedad. Puede ser utilizada igual que la leche común en recetas dulces o saladas.

Dejo a continuación mi receta de leche de avena.

image

Remojar en un litro de agua durante mínimo 4 horas 4 cucharadas de avena laminada (no instantánea). Habitualmente yo la dejo remojando de noche y a la mañana la preparo.

Licuar y colar con un colador fino. Está pronta. Dura 5 días en la heladera… pero seguro se la toman antes.

Para saborizarla o endulzarla se le puede agregar azúcar, pero mis favoritos y recomendados son vainilla o canela.

En la foto se ve un submarino de leche de avena y canela con un pedazote de chocolate que me comí hoy.

Espero que la disfruten.

 

Cabeza dura – ”tosticuadas” (tostadas con queso untable)

Yo soy cabeza dura, claro que si. Y hoy quise comer tostadas.

Estamos en vísperas de cumplir un mes de mi operación. Probablemente el peor mes desde que todo empezó. Después de casi dos meses de sentirme en proceso de recuperación, la operación la viví como un retroceso, como un fracaso. Me había creído del todo curada pero no. Volver al sanatorio, al dolor, a la dependencia, a la medicación. Nuevamente no poder comer y ahora si, oficialmente no poder hablar. No voy a mentir, no la he pasado bien. Estoy enojada y frustrada. Y con mucha hambre.

No hay gastroctomía esta vez. Tuve un día un tubo nasogástrico en el hospital, las enfermeras me pasaron demasiado rápido la comida, vomité y me negué a que me siguieran alimentando por ahí, así que me lo sacaron… y me dejaron que me arreglara como pudiese.

La primer semana apenas algo de yogur y postres. Mi lengua estaba hinchada y enorme, hice malabares por ponerme las cremas con una cucharita sobre la lengua y recostar la cabeza para atrás para que deslizara hasta la garganta. Ah si, todo un desafío.

En otro momento escribiré algo sobre el no poder hablar y sobre el comunicarse balbuceando. Todavía no lo tengo demasiado procesado, pero no es nada lindo.

En todo caso, hoy, en vísperas de cumplirse un mes de mi operación yo quise comer tostadas con queso untable. Tostadas. Pan seco. La sola idea parece inviable. No he comido una tostada desde que empecé el tratamiento, es casi un alimento prohibido, sin saliva no se puede masticar y su sequedad puede lastimar la boca. Ni hablar si estamos recien operados y no podemos mover la lengua para masticar. Pero yo quería comer tostadas y una amiga venía a merendar. Y yo quería comer tostadas. Y prefería morir antes de comer una estúpida crema. Así que me decidí a licuar tostadas.

En principio compré un pan chiquito. No quería frustrarme. Un pan chiquito y un pote de queso untable. Hice las tostadas normalmente, como si no pasara nada extraño, las unté y así las puse en la licuadora con un vaso de agua, licué, puse en un pote y entibié en el microondas. Deseé con todas mis fuerzas que fuera rico. Y con lágrimas en los ojos, después de siete meses, comí tostadas con queso. Y sentí el sabor a pan tostado y tibio.

Mi amiga trabaja en un bar y se trajo un pan casero de ahí, lo traía en la mochila para ella y cuando le abrí la puerta y le dije que ibamos al super a comprar pan porque había descubierto que podía licuar tostadas me lo regaló. Hasta ella comió tosticuadas y no podía creer que mi inviento fuera rico.

image

Acá la foto de como preparamos las tostadas… sí, hice una cantidad desorbitante. Y a continuación, la foto de las famosas tostadas en mi amada licuadora.

image

Por último, el resultado final, tosticuadas acompañadas con unos espectaculares submarinos de chocolate con leche de avena.

image

No pudimos terminar los potes de tosticuadas, son verdaderamente llenadores, pero quedamos felices y rechonchas.

Anímense con las tosticuadas. Quedan deliciosas.

Crema de boniato y romero

Imagen

Tengo una amiga chef a la que siempre le estoy pidiendo consejos y secretos culinarios. Ella a su vez tiene un emprendimiento de viandas y otros preparados deliciosos, al que frecuentemente acudo cuando tengo que almorzar en la oficina. Básicamente preparan comidas saludables, deliciosas y generalmente blandas (eso es casualidad, pero a mi me gusta pensar que es porque yo se lo pido).

La cuestión es que dentro de los menús que ofrecen, varias veces apareció una tarta de boniatos al romero con una pinta deliciosa. Y por esas casualidades de la vida, siempre que apareció esa tarta yo estaba con un retroceso en mi tratamiento o alguna complicación bucal que me impedía comerla. La combinación me parecía sencillamente fantástica y pasé rato imaginandome su sabor y textura…  Y hoy me decidí y me inventé una sopa de boniatos al romero, porque no me iba a quedar con las ganas. Acá dejo la receta:

Ingredientes

2 boniatos – 1 zanahoria – 1 morrón – ramas de romero – aceite de oliva

Preparación

En una olla con agua hirviendo colocamos los boniatos troceados, la zanahoria y las ramas de romero. Dejamos hervir unos 30 minutos, hasta que los boniatos estén blandos.

Mientras colocamos en el horno el morrón.

ImagenPasados los 30 minutos sacamos el morrón del horno, esperamos unos minutos que se enfríe y lo pelamos.

Licuamos los boniatos, la zanahoria y el morrón con una taza y media del agua donde hervimos los boniatos (sin las ramas de romero) y vamos agregando unas tres cucharadas o un chorro generoso de aceite de oliva, hasta encontrar la textura deseada.

ImagenA disfrutar!

Pueden ver las delicias del emprendimiento de mi amiga en su página ACÁ

Sopa de verduras con extra de caldo

Foto0051

En invierno los puestos de la feria venden por $20 estos pequeños rejuntes de verduras para hacer caldo o sopa. Nunca me pude resistir a comprar uno cada vez que paso por la feria. Me encantan y hago ambas cosas. Caldo y sopa.

El caldo.

En la foto tenemos un pedazo de zapallo, un boniato, una papa, medio morron, un puerro, un pedazo de repollo, medio choclo, un nabo, una zanahoria, perejil y unas ramitas de apio.

Ponemos todo en una olla con agua hirviendo sal y tres cucharadas de aceite de oliva y lo dejamos unos 40 minutos. Luego retiramos las verduras con un colador y guardamos el caldo. Yo pongo una parte en la cubetera del freezer y cuando necesito calditos para cocinar tengo estos que son mucho más sanos que los comprados. También guardo porciones para tomar solo.

La sopa.

Licuamos todas las verduras con una taza y madia de caldo. Con la licuadora en funcionamiento agregamos lentamente un generoso chorro de aceite de oliva y una cucharadita de comino. Una delicia.

Sobredosis de amor

De un momento a otro ser diagnosticada de cáncer me cambio la vida. Apenas tuve algunos días para juntarme con algunos amigos y contarles lo que me estaba pasando. Inicié la radioterapia y enseguida me coordinaron la primera quimio. Arreglé para irme a lo de mi madre (bueno, mi madre casi me secuestré, pero es lo mismo), asustada por todos los efectos secundarios que escuche que tendría. Dejé de trabajar.

Mi primer quimioterapia fue tremendamente dura. Yo me encontraba debilitada después de meses de comer mal y la dosis fue extremadamente fuerte. Terminé internada. Pase navidad internada y el 31 de diciembre me dejaron ir del hospital a la tarde porque no me quedó un solo funcionario al que no le pedí por favor que me dieran el alta. Obviamente, luego de la internación volví a lo de mi madre y ahí se me dio un fenómeno de lo mas curioso que me parece importante compartir.

En la casa de mi madre obviamente gocé de todos los cuidados y el amor posibles. Ella se encargaba a la mañana de cocinar las verduras y otras comidas para luego pasar por la gastroctomía, traerme el preparado a la cama, darme los medicamentos, controlar la cantidad de agua que tomaba, prepararme la ropa y llevarme a la radioterapia. Acomodar la casa, dejarme dormir una pequeña siesta luego de la radio, traerme el almuerzo a la cama, nuevamente los medicamentos y así todo el día. Yo me limitaba a mirar series, contestar mensajes, navegar por internet, buscar información sobre lo que me estaba pasando. No recibía mucha visita. No la quería. No me gustaba que me vieran postrada, no me gustaba la gastroctomia, no tenia ganas de que nadie me viniera a compadecer y ademas, hablar me cansaba, me secaba la boca y terminaba siendo muy incomodo. Por lo general concentraba varios amigos un mismo día y a una misma hora y los dejaba hablando entre ellos.

Lo mismo sucedió después de la operación. Fui a lo de mi madre. No podía hablar, apenas comer cremas que debían ser preparadas con un punto exacto de deslizamiento y temperatura. Volví a no querer ver gente, me daba vergüenza que me vieran así.

En ambas oportunidades caí en profundos pozos depresivos. No quería levantarme, lloraba todo el día, no encontraba consuelo. Y en ambas oportunidades la solución que encontré fue la misma. Volví a mi casa. Volví a vivir sola, a hacerme cargo de mi. A prepararme mi propia comida, a tener que ir al supermercado para aprovisionarme a vivir normalmente la cotideaneidad. Para nuestros acompañantes más cercanos puede parecer confuso u ofensivo, pero la sobredosis de amor creo que nos enferma más. Por lo menos a mi me enferma más. Sentirme inválida, sentir que necesito que me lleven de un lado a otro, que me preparen la comida, sentir que observen cada una de mis acciones e intenten colaborarme con ellas me altera los nervios.

En las pequeñas cosas del día se me va el tiempo, hasta llegar al punto de darme cuenta que no he logrado hacer en el día todo lo que quería. Y eso me alegra. Me hace sentir viva. Y por sobre todas las cosas me hace olvidarme de la enfermedad. Preparar sopas y cremas, buscar las recetas, ir a comprar los ingredientes, seleccionarlos en la feria de la mañana, buscar en el supermercado los elementos que pude no haber conseguido, preparar las verduras, cocinarlas, encontrar la textura perfecta, el sabor indicado, utilizar esa especia que hará la crema deliciosa. Pero también aprovechar para encargarse del hogar, de todo eso que no hacemos. Ordenar, pintar un mueble, ir a comprar un libro, recorrer todas las librerías y volver sin ninguno, escuchar un programa de radio sin hacer nada más y sin que nadie lo haga por nosotros.

Y la soledad también hace que busquemos la compañía. A pesar de no hablar del todo bien, puedo invitar gente a tomar una sopa conmigo. Se convierte en mi tarea del día. Preparar algo rico para agasajar a alguien.

Este post tiene como finalidad reivindicar la necesidad de mantener dentro de lo posible la normalidad de nuestras vidas. Reivindicar el aspecto terapéutico de hacernos cargo de nosotros mismos. Quienes nos acompañan a veces se desviven por solucionarnos todos los aspectos de la vida y nos anulan. Sobredosis de amor le digo yo.