Archivos Mensuales: agosto 2014

Mousse de frutillas

Me encantan las frutillas y buscaba hacerme un batido protéico para equilibrar un poco la dieta y salir de las lentejas y garbanzos así que se me ocurrió hacer un mousse de frutillas y tofu.

El tofu no tiene sabor así que simplemente mezclé un cuarto kg de frutillas, un cuarto kg de tofu y 2 cucharadas de azucar con algo de agua

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El resultado fue este mousse delicioso y super fácil que me alegró la tarde. Quedó con una textura semi arenosa que al principio me puso algo nerviosa, pero luego, al observar que era inofensiva me olvidé de ella.

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Altamente recomendado como sustituto del yogur y de los postres comprados!!

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Levantarse

Hace mucho que no escribo nada. He tenido unas semanas de profundos cambios que me han llevado a tener poco tiempo pero también encarar la vida de manera diferente. Tuve que ganarle a una depresión y eso me mantuvo ocupada. Pero lo hice.

Estuve muy deprimida, agotada, no encontraba la manera de consolarme. Me despertaba llorando, lloraba durante el día, odiaba cada bocado que daba, no quería ver gente. Estaba de muy mal humor y estaba entrando en un círculo de angustia que se me hacía cada vez más asfixiante. Quería ya mismo recuperar mi antigua vida. Hacer lo mismo que todos, volver a ser yo y la imposibilidad de hacerlo ya mismo me frustraba así como me frustraba el hecho de sentir que nunca volvería a ser la misma. Y luego de darle muchas vueltas,,, me dí cuenta que tenía que dejar de luchar con eso.

Efectivamente, nunca voy a volver a ser la misma. Jamás. Vencí un cáncer. Estoy pagando carísimo las consecuencias de eso, pero estoy acá. Y si no me ganó un cáncer no me va a ganar una depresión. Nunca volveré a ser la misma, hoy me quiero mucho más, hoy me cuido mucho más, hoy me veo en la obligación de amar y disfrutar cada momento que paso porque ya sé exactamente lo que es no tenerlo. Sentir que se pierde todo.

Partiendo de la base de que nunca volvería a ser la misma, de que no hay forma de que yo me vincule con el mundo de la misma manera decidí que tenía que poner en marcha mi vida normal una vez más, elegir los cambios que quería hacer en ella y hacerlos y continuar con lo que se me había truncado, ya sea hablando bien o ya sea hablando más o menos como ahora, al que no le guste escucharme, que no lo haga que a fin de cuentas bastantes cosas he superado yo solita como para andar preocupándome por a quien le gusto y a quien no.

Cómo se sale de una depresión? Con paciencia y cabeza dura. No me hago la superada, cada día hago un esfuercito más para estar mejor pero intento todos los días tomar desiciones que me enorgullecen y me hacen sentir bien.

Para empezar, seleccioné un grupo de relaciones que me resultan positivas y comencé a recultivarlas. Ya no desde la postura de la enferma que es visitada. Desde la normalidad. Desde toda la normalidad que mi situación me permite. Curiosamente aparecieron en mi vida personas con una luz y una energía y un brillo y una positividad capaz de arrastrarme con ellas. Miento. No aparecieron de la nada, esas personas ya estaban ahí solo que había que darles más entrada. Paula y Caro. Que hermosas mujeres, pura alegría transmiten desde una mirada que guarda profundos dolores propios superados día a día y que son el reflejo vivo de que sí se puede.

Comencé a tomarme en serio actividades que me son placenteras y que constituyen un espacio exclusivamente para mi.

Voy una vez por semana a una masajista. Es fabulosa, me hace masajes, digitopuntura, reiki. me pone semillas en las orejas y me dió unas gotas homepáticas. Los masajes, sobretodo los que son a nivel de nuca y cervical me han hecho mejorar mucho mi descanso y relajar muchísima tension que acumulo por hacer constante fuerza y estar siempre nerviosa a nivel maxilar. Yo soy un poco escéptica con lo del reiki y las semillas, pero viene en el combo y si ella me quiere pasar energía universal pues que me la pase. Mal no me hace.

También voy una vez por semana a yoga. Soy muy mala. Tengo un pésimo estiramiento, una pésima coordinación y una facilidad tremenda para distraerme mientras hay que concentrarse. Pero la paso muy bien y siento durante toda la clase, por más que me cuestan los ejercicios que lo que hago es positivo. Siempre vuelvo de la clase de yoga relajada y feliz. Por cierto, me puse masajes los martes y yoga los jueves. Como para tener todos los chakras organizaditos toda la semana.

Comencé a ir en bici a todos lados. Mi amiga Paula se fue de viaje y me dejó su bici. Una GT Nomad citadina último modelo. Simplemente no me puedo bajar de ella. Me liberó. Voy a todos lados en bici y siempre se me ocurre un lugar nuevo al que ir para andar un ratito más. La bici es vida, definitivamente.

Retomé mis cursos. Antes de operarme estaba cursando tres materias que debía para recibirme de profesora de literatura. En realidad, terminé mis estudios hace como tres años pero nunca había dado los exámenes finales. El cáncer me hizo notar todo lo que deseo ser profesora. Hoy día no se si podré hablar lo suficientemente bien como para dar clases. Supongo que en algún momento si, pero mientras lo averiguo, voy a por ese título. Volver a estudiar fue un desafío, muchas veces empecé, muchas veces largué todo y me pregunté para que quería recibirme de algo que ni siquiera sé si voy a poder ejercer. Pero dí mis pruebas parciales. En la primera me fue muy bien. En la segunda me fue más o menos. En la última aún no sé, pero haberlas dado me habilita a dar mis exámenes finales y sobretodo me reintroduce en la vida académica y me demuestra que sí puedo.

Perdoné. Dejé fluir todos los sentimientos atrapados que tenía hacia personas que sentía me habían fallado o no habían sido lo que yo esperaba. Las personas son lo que son y dan lo que tienen. Me siento agradecida de recibir cariño, mucho o poco y si necesito otras cosas, otras contenciones, otras actitudes, no es cuestión de andar pidiéndoselo o esperándolo de todo el mundo, quizá es cuestión de posicionarse frente a las personas correctas.

Volví a bailar y salir en la cuerda de tambores con mis amigos. Todos los sábados. Si bien no aguanto todo el ensayo completo y terminada la primera vuelta por lo general me tengo que volver a casa, la alegría volvió a mi cuerpo al ritmo del candombe. Mientras bailo sé que me va a doler todo luego, pero también sé que estoy bailando y eso me llena de felicidad. Reencontrarme con el baile, las sonrisas, las miradas de mis compañeras me llena de una energía insustituíble.

Volví a trabajar. Eso no me hace tan feliz…. pero me hace feliz sentirme normal, volver a la vida común. Mis compañeros de trabajo son muy lindos y me han recibido muy bien. Me dejan mis espacios a solas cuando ven que no tengo ganas de hablar o que ando un poco dolorida, me tratan normalmente, no preguntan sobre mis comidas. Mis compañeros son muy lindos. He notado que mi actitud hacia ellos cambió también, hoy día recibo sólo lo positivo de todo el mundo. Ya no me interesan los dramas de oficina. Me dan mucha gracia.

Me puse linda, me dediqué a quererme. A peinarme, pintarme las uñas, ponerme algo de maquillaje. Salir a la calle cada día segura de mi misma. Ya basta del patito mojado que salía humillado detrás de su dificultad de hablar. Soy lo que soy y sí, me cuesta hablar. Tengo también otro montón de atributos físicos y humanos, quien quiera averiguarlos bienvenido sea, quien no, también.

Tuve una cita. Si. Me puse a prueba a mi misma. Un chico me invitaba a salir desde hacía tiempo. Él sabía que estaba operada pero no sabía toda mi historia. Me debatí largamente entre si ir o no ir. Entre la verguenza que me daba ir hablando un poco mal. Entre las espectativas del encuentro, que pensaría de mí, como le explicaría que tuve un cáncer. Contra lo que más luché fue contra el fantasma de que al verme me hecharía una patada en el culo y que nadie querría salir con alguien enfermo (o más bien en recuperación) como yo. Hasta que me dije a mí misma que una salida al cine no mata a nadie. Que si él no me volvía a llamar pues la película igual era buena y verla acompañada siempre es mejor y que el buen momentno no me lo quita nadie. La pasé estupendamente. Vimos la película y luego fuimos a un bar. Yo tomé capucchino y el whisky y nos reímos un par de horas. Me alegro enormemente de haberme animado y al mismo tiempo me di cuenta de que si bien el chico me encanta y me parece genial yo en éste preciso momento no estoy con ganas de comenzar ninguna relación sentimental, en este momento solo tengo ganas de enfocarme en mi. El tiempo dirá si volvemos a salir, tal vez es justamente eso lo que necesito, tiempo. Si no sucede, pues nada: vayan a ver Mr. Kaplán que es una muy buena película.

Por último, subo la última foto que me saqué. La primera que me gusta después de la enfermedad y todos los tratamientos. Me parece que salí muy linda y eso es un mimo al autoestima. También es la primer foto mía de todo el blog.

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Hasta ahí lo que hice estas semanas y como siento que logré rescatarme de un hundimiento tremendo. Pequeñas y persistentes acciones diarias. Y mucha cabeza dura. Nadie más que nosotros mismos puede rescatarnos de hundirnos en la depresión.

También cociné y en los próximos días se viene un helado vegano, una crema de boniatos, una crema de aceitunas y otras delicias.

Y a seguír sonriendo.

Crema de boniatos asados

Hay algo que definitivamente me encanta y son los boniatos. Sobretodo el boniato zanahoria. Hablando con mi amiga Paula cuyo amorcete vive en una quinta me dijo que tenía cantidad de boniatos, que estaban en época de cosecha. Y como ella no es lenta ni perezosa a los pocos días se me apareció con unos boniatos de regalo.

Me negaba a desperdiciar semejante regalo de auténticos boniatos de chacra cultivados para mi con amor en un simple puré así que se me ocurrió que podía ”apuresar” (si, acabo de invetar un verbo) mi forma favorita de comer boniatos: al horno con hierbas.

Así que pelé y corté mis boniatos con una papa y los pasé tres minutos por agua hirviendo (truco que me enseñó mi mamá para lograr que formen costra luego en el horno, soy fanática de la costra de los boniatos al horno)

Luego los coloqué en una asadera, los bañé en aceite de oliva, romero y orégano. Revolví bien y los puse en el horno.image

Cuando estuvieron todos blandos y mi casa despedía un aroma insoportablemente rico a boniatos asados, los saqué, los coloqué en la licuadora con un vaso de agua y un generoso chorro de aceite de oliva y me quedó esta maravilla>

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No se hagan simples purés. Busquen la forma de encontrar los sabores que añoran. Ésta crema de boniatos quedó sencillamente espectacular. Una delicia y volver a sentir el sabor ahumado de los boniatos al horno fue un extra placer.

Mil gracias a Paulita y al Tiki por los boniatos del amor.