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Decisiones vitales, cuando la enfermedad nos pone al límite.

Era inevitable que el momento en el que tuviese que tomar una resolución que afectara para siempre mi vida de una forma drástica iba a llegar de un momento a otro. Y el momento ese llegó, en lo que considero que me tocó tomar la decisión más difícil de mi vida.

El viernes pasado viajé a Buenos Aires, al instituto Flemming a realizar una consulta respecto a las posibilidades operatorias que tiene mi caso. Actualmente me encuentro con la mandíbula comprometida hasta el hueso y  una masa tumoral que me ocupa toda la boca y que apenas me deja hablar y me obliga a alimentarme por gastroctomía. Eso es lo que muestran tanto las tomografías como el PET. Si bien mi madre había viajado con todos mis estudios hace un mes, el doctor Roque Adan, que fue quien me atendió, había solicitado verme personalmente. Con un trato impecable tanto humano como técnico se me realizó la propuesta operatoria: retirar el tumor implica retirar la mandíbula, reconstruir todo, retirar lengua, construir un pequeño tobogán por el cual me alimentaría a través de licuados pero sin sentir sabor alguno, quedaría muda ya que se extirparía la lengua y respirando para siempre por traqueotomía… El médico me explicó que en este momento es operable, si existiese algún tipo de aumento del tumor la opción quirúrgica se pierde. Su disposición a responder todas mis consultas fue excepcional, quisiera destacar que fui con una serie de preguntas anotadas en una libreta, no quería que en la vorágine del momento se me olvidara preguntar nada. También entré a la consulta acompañada, con mi madre y con mi prima, lo recomiendo ampliamente porque en este tipo de momentos es importante tener varios oídos y ojos para no perder detalles de lo que se nos va informando que es muy delicado y se nos dice en un marco de tensión y ansiedad que nos puede hacer perder detalles.

En todo caso, he decidido que a mis 27 años, someterme a tal cirugía mutilatoria y condenarme a una vida de mudez no es lo que quiero hacer. Buscaré otras alternativas. No se cuales, no se dónde, no se cómo. Pero no me voy a operar. Creo profundamente que la medicina tradicional y sus métodos no agotan ni tienen las soluciones definitivas respecto a las posibilidades curativas de esta enfermedad y la opción quirúrgica ofrecida me resulta totalmente inviable para mi, para mi estilo de vida, para lo que quiero para mi futuro.

Mi familia mi apoya. Mi madre apoya la decisión que tomé y ya nos ponemos en campaña de realizar otras consultas respecto a tratamientos y buscar la curación en otro lados. Y respecto a esto es muy importante destacar que si bien yo tengo la suerte de tener un entorno que me apoya fielmente en todo, es fundamental que en estos casos SEA EL PACIENTE EL QUE TOME CON TOTAL LIBERTAD LA DECISIÓN DEL TRATAMIENTO QUE LE PARECE CORRECTO SEGUIR. Nadie sabe mejor que uno si de verdad está convencido de que la opción que le ofrecen es la más adecuada. Debemos entender que los médicos nos ofrecen opciones, tratamientos, conocimientos, pero la sanación es un proceso integral que debe ir también regulando uno mismo. Tal vez algunas personas no lo entiendan, pero sanar es un proceso integral y cometer un error en el proceso de curación puede ser fatal y puede llegar a enfermarnos de nuevo.

Me siento fuerte, me siento apoyada y siento por primera vez que habiendo tomado esta decisión, me estoy salvando la vida. Me voy a curar, ese es mi objetivo y el de todo mi entorno y eso es lo que me garantiza la sanación. Actualmente hemos enviado consultas con mi caso a Cuba, Brasil y España.

En el marco de mi proceso personal, me encuentro en casa, en licencia médica, enfocada en que mi único objetivo en este momento es sanar. Aún me queda una última quimioterapia la semana que viene.

Me he estado interiorizando en algunas teorías llamadas Nueva Medicina Germánica que hablan de la enfermedad como un proceso psicobiologico integral que me parece que es muy importante trabajar. Retomaré terapia desde un enfoque radicalmente diferente. Me dí cuenta de que estaba enojada conmigo, con la enfermedad, con la vida. Pues eso ya no más. No hay enojo, el proceso en este momento es totalmente diferente, está enfocado en la sanación, en el origen y solución del problema y en la convicción de la cura.

Obviamente seguiré con mi alimentación cuidadosa y que considero parte fundamental de mi proceso curativo. En un próximo post agregaré algunos de los preparados naturales que bebo y que confío que me ayudan a sanar, pero ese ya es otro asunto.

Les dejo un saludo. Ya un paso más cerca de estar sana completamente.

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Pastel Virginia de lentejas, espinaca y calabaza

Hoy espero a comer a mi prima Virginia, que nunca tiene tiempo para cocinar y siempre anda comiendo porquerías por ahí. Así que decidí hacerle un pastel bien casero para que alterne un poco el paladar…. y yo sé que ella agradece el mimo.

Es una receta super extra blanda, sana, protéica, nutritiva y con un mix de sabores que seguramente sorprenda. Se me fue ocurriendo en el momento así que puedo calificarla totalmente de mi autoría. Espero que la disfruten tanto como disfruté yo cocinándola y pensando en todos aquellos que dando batalla contra el cáncer de boca sé que agradecen cada receta blanda y delicada que aparezca para variar el paladar. Yo me quedo con las ganas… me toca licuar y pasar por la gastro… pero les aseguro que con el olfato y la imaginación me alcanza para sentir más o menos lo que probará mi prima en breve.

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Ingredientes

una taza de lentejas – una cebolla – un diente de ajo – un cuarto de calabaza (como tres tazas) –  una taza de avena – un atado grande de espinacas – cúrcuma – pimienta – sal – nuez moscada

Cocemos las lentejas. Hervimos las espinacas y la calabaza por separado.

Sofritamos la cebolla con el ajo y una vez que esté dorada agregamos las lentejas cocidas, sal y una pizca de pimienta. Pasamos por el mixer hasta lograr una pasta homogénea. Reservamos.

Licuamos las espinacas con una taza de avena, una pizca de sal y media cucharadita de nuez moscada. Reservamos.

Licuamos la calabaza hervida con una pizca de sal y una cucharadita de cúrcuma.

Colocamos en capas en asadera (yo utilicé una de 30×20). Primero la pasta de lentejas, luego la pasta de espinaca y finalmente el puré de calabaza y cúrcuma. Colocamos en el horno para homogeneizar temperatura unos 15 minutos (igual ya está todo cocido). Servimos!!!!

Y como siempre digo… cuando no llegamos a sacar foto del plato preparado….

Es porque estaba demasiado rico!!!!!!

Una quimioterapia exitosa

Mis últimas quimioterapias han sido verdaderamente amenas. No en el sentido de que me guste hacerlas, sino en el sentido de que han tenido mínimas secuelas, me he sentido perfectamente, no he tenido náuseas ni efectos indeseados, apenas algo de sueño.

Ésta última quimioterapia incluso di un parcial el mismo día y otro dos días después.

Creo que está bueno compartir que la experiencia de la quimioterapia no tiene por qué ser traumática sinó todo lo contrario. Creo que una buena preparación física y mental nos ayuda a atravesarla de forma que si es lo que nos parece, se convierta en una verdadera instancia terapéutica y de sanación. Así me la asumí yo.

Asumí que si había decidido someterme a la misma lo iba a hacer confiando en primera instancia en que si me voy a someter a una bomba de químicos en mi cuerpo hay un resultado positivo que estoy persiguiendo a largo plazo que espero que estos químicos contribuyan a alcanzar. Por lo cual, lo primero que asumí es que quería hacer lo que estaba haciendo.

Luego asumí los días anteriores una dieta alta en calorías, con mucha fruta y verdura variada y me dediqué a alimentarme de lo lindo. Me he preparado de todo, pero les muestro mi menú para el día anterior a la quimioterapia, un menú guerrero, que me garantizara ir con toda la energía posible en mi cuerpo.

Para empezar, a la mañana, batido con un arsenal de fruta, durazno, naranja, frutilla, manzana, pera, banana y ananá. Todo fresco, no valen enlatados. de frutas con pan integral, chía, bayas de goyi, pasas de uva, y coco.  Ese fue mi desayuno previo a la quimio también.

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Para almuerzo y cena, otro arsenal de comida, arroz integral, zanahoria, calabaza y remolacha, lentejas y para los frescos, brócoli y tomates. Todo a la licuadora y a enfrentar la quimio como una campeona.

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Creo que lo fundamental en mis últimas quimioterapias es haber erradicado el miedo a las consecuencias. No he necesitado absolutamente ningún complemento para las nauseas en cuanto a la medicación y me he sentido estupendamente. Creo que un poco nos venden el miedo a las secuelas y consecuencias de la quimioterapia y eso es un tremendo error médico y terapéutico. No dudo que a diferentes dosis, combinaciones y tipos de quimioterapias resulten diferentes secuelas pero si estoy convencida de que la predisposición con la que vamos a enfrentar la instancia es decisiva para luego como vivamos las consecuencias.

En mi caso, elegí ir sin miedo, nutricionalmente segura y con actitud positiva y francamente, estoy gozando las comodidades de haber tomado esa decisión. Ojalá esta experiencia sirva a otros y les sea de utilidad.

Abrazo!

Desayuno de reina

Hoy les traigo un desayuno común, super nutritivo y delicioso por donde se lo vea. Me quedé con ganas de documentar el proceso y los ingredientes, pero me olvido en la vorágine de prepararlo.

Comer sano me hace feliz. Sentir que desde mi alimentación cuido y mimo mi cuerpo es parte de mi proceso curativo y en el marco de una enfermedad con las complicaciones propias de la alimentación como la que atravieso, creo que es importante mimarse a la hora de comer, a pesar de las dificultades, volvamos el momento de la alimentación un momento especial y cuidado que refleje nuestra intención de sanar y mejorar.

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El batido de licuadora es de frutillas, banana, galletas de sésamo, bayas de goyi, chía, cacao y coco.

Les cuento que las bayas de goyi aportan al sistema inmunológico y son ampliamente recomentdadas antes y después de quimio y radio. Tienen un leve sabor a higos, un aroma delicioso, se comen secas como pasas de uva o pueden hidratarse un poco con la chía como hice yo en el caso de éste licuado.

La frutilla y la banana seguro están entre mis frutas favoritas el mundo y obviamente combinan a la perfección con el cacao (yo utilizo cacao amargo sin azucar) y coco. El cacao nos aporta calorías pero también es un regulador natural del humor, si, el caco aporta alegría y estimula la felicidad, así que empezar el día con una buena cucharada es una actitud positiva que está bueno fomentar. Alivia el estrés, combate el colesterol malo y además, para el que tenga… es un buen afrodisíaco.

El coco controla el azucar en la sangre, es delicioso, tiene un aroma espectacular y su alto contenido en fibra regula el sistema digestivo, lo que puede ser de gran ayuda si estamos tomando medicamentos o complementos que conducen al estreñimiento.

La chía es fuente de proteínas, omega 3, ayuda a mantenerse hidratado, son una fuente natural de energía y tiene propiedades depurativas y desintoxicantes (lo cual a mi siempre me preocupa en relación al contraste respecto a la cantidad de medicación y elementos que nos metemos en el marco del tratamiento)

El jugo verde es de espinaca, zanahoria, pera, perejil, apio y limón. Luego haré un post más extenso referido a como he incluido jugos verdes en la dieta y como me hacen sentir: como adelanto, evidentemente muy bien.

Abrazo mañanero!! Buen desayuno!!

De brocoli!

Que voy a hacer con mis recetas ahora que volví a la gastroctomía??? Me pregunté… Y como ven, no subí recetas en días. Sin embargo, obviamente yo sigo comiendo y debo decir que sigo cocinando con el mismo amor y dedicación que antes. Así que se me ocurrió que era un desperdicio no subir mis recetas a pesar de estar simplemente licuando todo para pasar por la gastroctomía… acaso antes no veníamos con ese régimen de licuados igual??

Acaso no sería una injusticia que esta maravillosa ensalada de brócoli (verdura anticancerígena si las hay) no viera la luz de este blog!!! ???

wpid-20141021_214111Pues me pareció que si. Así que acá la vengo a presentar.

Necesitamos:

1 brócoli – 3 remolachas – un tomate – un trozo de tofu – una taza de arroz integral

Procedemos:

Hervimos las remolachas por un lado y luego de frías troceamos en pedazos pequeños. Troceamos el brócoli y lo hervimos separado, en poca agua y pocos minutos, solo para ablandarlo. Preparamos el arroz integral. Pelamos el tomate en con agua hirviendo (ésto no es imprescindible, pero en caso de comer con gastroctomía, la cáscara del tomate puede afectarla y es mejor retirarla). Troceamos el tofu.

Mezclamos todo en frío y agasajamos a nuestros invitados con una ensalada fresca y sanísima, condimentada con aceite de oliva, sal, orégano.

Nosotros colocamos en la licuadora con media taza de aceite y media de agua o hasta lograr la consistencia necesaria para una crema suficientemente blanda.

Nos partimos la boca. Al punto de que no tengo foto del plato de mi mamá… y se sabe que cuando no llegamos a sacar foto… es porque estaba demasiado rico.

Bon apetit!!

En marcha una vez más!

Ayer se cumplió una semana de mi última quimio. Debo decir que la saqué bastante barata, me la pasé durmiendo y casi sin ningún malestar. Literalmente me la pasé durmiendo, una semana, hiberné. En el medio tuve un ejército en casa de enfermeros, médicos, amigos y familiares a toda hora…. pero lentamente voy recuperando mi espacio y el lugar.

Al principio estaba un poco molesta, la verdad el tumor es tan desagradable y visible en la boca que es imposible hablar y olvidarse de él mucho menos. Pero debo reconocer que entre ayer y hoy he notado una levísima mejoría. Algo puedo balbucear y se me entiende aunque obviamente mi principal método de comunicación es una libretita.

Ahora comienza la nueva marcha, ponerse positivo, intentar mantener la tranquilidad, enfocarse nuevamente en la curación. Me he propuesto estudiar e intentar dar dos parciales que tengo… sé que es un poco bobo teniendo en cuenta que no podré hablar, pero que más da… por lo menos tener un objetivo me calma y me da una motivación.

Ayer di mi primer vueta manzana con mi amiga Caro luego de casi 20 días de encierro. Me compré unos inciensos, unas bayas de goyi para mis jugos, respiré un poco de aire fresco. Me cansé un montón pero que alegría que me dió.

En breve intentaré comenzar con la meditación de nuevo. El yoga por los movimientos lo voy a tener que dejar un poco de lado, con la gastroctomía y además un porta medicación constante que me han colocado parezco robocop y no me puedo mover bien, pero seguro podré meditar.

Luego de que termine de estudiar he planificado hacer alguna incursion en pintura, Me compré un libro de Frida Kahlo que me tiene entusiasmada.

A estudiar me voy ahora. Objetivos, metas, distracciones. A no dejar que la enfermedad invada todos los espacios. Este es mi cuerpo, esta es mi mente, este es mi espacio….. y se lo voy a competir.

Gastroctomía II y nueva quimioterapia

Y si… sucedió. Nuevamente estoy con una gastroctomía. Por un lado me alivia saber que puedo alimentarme. Por otro lado, no puedo evitar la tristeza y la frustración de sentir un retroceso enorme, el dolor de saber que nuevamente tengo cáncer y la certeza de enfrentar, esta vez si, el desafío más grande de mi vida.

Ya no se me puede hacer más radio. He optado por intentar tres nuevas quimios y luego tal vez operación. El tumor avanza a pasos agigantados. Nada entra por la boca ya.

Ayer tuve la quimio. No he tenido secuelas aún. Sólo cansancio. Estoy intentando pasarme bastante agua por la gastro y también jugos de verdura depurativos y compota de manzana y pera para hidratar. Lo mejor es evitar comidas pesadas.

He utilizado el estractor de jugos para pasarme un jugo de espinacas, pepino, morrón, repollo blanco y lechuga. Mucho verde para depurar los efectos tóxicos de la quimio. Voy con cuidado, apenas un vaso al día y abundante agua. El jugo debe ser en el extractor, sólo queremos la vitamina de las verduras ya que la fibra de la misma puede caer pesada al estómago y no necesitamos complicaciones gástricas.

La compota de manzana y pera sin azúcar.

Ya extraño tremendamente los sabores. Lamentablemente ni una cucharadita de postre me pasa por la boca. Quisiera que alguien más en mi situación leyera esto ahora y sentirme un poco más acompañada… me queda el consuelo de que si no es hoy será más adelante.

Sopa de col de campo

Acá en Uruguay no se le dice col al repollo, pero en España sí y yo leo muchos blogs españoles de cocina y se me ha pegado la palabra ”col”. Y me encanta, me gusta su sonoridad, su grafía y también me encanta la col o el repollo, como prefieran. Y como esta sopa es totalmente de mi autoría me permito llamarla como a mi me gusta sopa de col y le agrego el ”de campo” porque hoy la he preparado en una linda casa de campo o mas bien de playa pero bueno, de campo me gusta más y como ya dije, como la sopa es de mi autoría la llamo como quiero.

Me vine unos días a una casa de playa en Valizas, un balneario a unos 400 km de Montevideo al que vengo desde niña y que siempre me transmite mucha paz. En verano se llena de veraneantes y turistas por eso lo prefiero en éstas épocas e incluso en pleno invierno. Vinimos con mi prima y aunque el tiempo no nos ha favorecido el estar acá ya me ha despejado la mente, llenado de paz y transmitido una nueva energía para seguir encarando el post operatorio, los médicos y todas las idas y venidas de mi pequeño gran problemita de salud.

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Venirme me implicó superar algún miedo. Alejarme de casa, venir a un lugar sin atención médica cercana y alejarme de mi cocina. Tuve miedo de qué y cómo iba a comer pero me decidí, empaqué calmantes, la homeopatía y el mixer y me vine junto con mi prima a desconectarme.

Podría decirse que el tiempo no nos ha acompañado sin embargo los días nublados y de lluvia son igualmente aprovechables y estar alejadas de todo nos ha venido muy bien a las dos. Hemos leído, mirado películas y series, charlado abundante y comimos cantidad de cremas, sopas y yogures. Para nosotras, un éxito de escapada.

En mi miedo de no saber que comería también empaqué un repollo. No me juzguen. No quería dejarlo en mi heladera solo y supuse que teniendo el mixer en caso de emergencia podía hacerme una buena sopa licuada de repollo. Que puedo decir… hace mucho que no salgo y comer de verdad es un estrés. Hoy el repollo se convirtió en una maravillosa sopa de col de campo que ha sido todo un éxito de tarde nublada y ventosa. Acá va la receta

Ingredientes

Un repollo chico o medio grande – Medio morrón grande – tres zanahorias chicas – un tomate – una lata de arvejas – aceite de oliva – 1 cta cúrcuma – 1/2 cta nuez moscada – sal –  pimienta – humo líquido (opcional)

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Procedimiento

Cortamos el repollo y el morrón en tiras finas. Rallamos la zanahoria y cortamos el tomate en cubos.

Calentamos unas dos cucharadas de aceite en una olla, colocamos el repollo y lo salamos, vamos revolviendo constantemente hasta que notemos que queda blando, semitransparente y reduce como 2/3 su tamaño. Agregamos la zanahoria, el morrón el tomate y las arvejas. Revolvemos y agregamos una cucharadita colmada de cúrcuma, media cucharadita de nuez moscada y pimienta a gusto. Se le puede agregar una cucharadita de humo líquido (no hay que pasarse sino todo queda con sabor ahumado) yo aquí no tenía pero hice esta misma receta la semana pasada y queda espectacular.

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Cuando vemos que el tomate se ha deshecho un poco cubrimos con agua, tapamos la olla y dejamos a fuego lento hasta que hierva. Una vez que hierva lo dejamos unos 10 minutos más y luego apagamos el fuego y dejamos reposar unos minutos.

Yo pasé mi porción por el mixer, mi prima dejó la suya con las verduras en trozos. Cualquiera de las dos versiones ha sido un éxito. Le pusimos un poco de parmesano rallado aunque yo hubiese preferido salsa de soja, que no teníamos.

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No dejen de hacer esta receta y sobretodo, no dejen de animarse a salir, tomarse tiempo libre, alejarse un poco de sus casas, del médico, despejar la cabeza de los problemas y complicaciones diarios de la enfermedad. La tranquilidad y paz mental curan. Encerrarnos en nuestras casas es cómodo y lindo pero a veces también se necesita renovar un poco el aire.

Bon apetit!

Menú superblandito

Está bien, lo reconozco, no es que uno mire la foto de mi almuerzo y le vengan unas ganas desaforadas de comer conmigo pero la verdad es que no es tan malo como parece, de hecho, puede ser un éxito como lo han comprobado mis amigas que cada vez más se suman a comer lo mismo que yo en meriendas y cenas. Lo blandito y cremoso tiene su encanto. Tengan en cuenta que la presentación en tuppers no ayuda… pero si se imaginan estas mismas comidas en unas lindas cazuelas de barro la cosa cambia.

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En mi experiencia la variedad anima la comida y abre el apetito. Nadie quiere tomarse un litro y medio de sopa o licuado y es mas o menos lo que deberíamos tomar si atendemos a las porciones y cantidades con las que los preparamos. En vez de eso, mi técnica es comer un poquito de cada cosa, para dar variedad al paladar.

En todo caso la idea era mostrarles un menú variado y que fue un éxito hoy. Arriba a la izquierda tenemos (con un poco de imaginación) un sandwich de pan integral, tomate, orégano, aceitunas y levadura de cerveza. Todo con un poquito de agua y pasado por el mixer. Una delicia. Arriba a la derrecha tenemos una sopa de brócoli y champignones. Abajo a la derecha un tradicional guacamole y por último, abajo a la izquierda, un batido green de espinaca, pepino, manzana verde, jengibre y repollo blanco.

Observen que he roto la barrera de la sopa. Si, licúo sandwiches y tienen que saberlo: quedan espectaculares. Ultimamente estoy probando con cocinar normal y licuar y excepto algunas fallas, me ha ido muy bien.

Anímense.

Levantarse

Hace mucho que no escribo nada. He tenido unas semanas de profundos cambios que me han llevado a tener poco tiempo pero también encarar la vida de manera diferente. Tuve que ganarle a una depresión y eso me mantuvo ocupada. Pero lo hice.

Estuve muy deprimida, agotada, no encontraba la manera de consolarme. Me despertaba llorando, lloraba durante el día, odiaba cada bocado que daba, no quería ver gente. Estaba de muy mal humor y estaba entrando en un círculo de angustia que se me hacía cada vez más asfixiante. Quería ya mismo recuperar mi antigua vida. Hacer lo mismo que todos, volver a ser yo y la imposibilidad de hacerlo ya mismo me frustraba así como me frustraba el hecho de sentir que nunca volvería a ser la misma. Y luego de darle muchas vueltas,,, me dí cuenta que tenía que dejar de luchar con eso.

Efectivamente, nunca voy a volver a ser la misma. Jamás. Vencí un cáncer. Estoy pagando carísimo las consecuencias de eso, pero estoy acá. Y si no me ganó un cáncer no me va a ganar una depresión. Nunca volveré a ser la misma, hoy me quiero mucho más, hoy me cuido mucho más, hoy me veo en la obligación de amar y disfrutar cada momento que paso porque ya sé exactamente lo que es no tenerlo. Sentir que se pierde todo.

Partiendo de la base de que nunca volvería a ser la misma, de que no hay forma de que yo me vincule con el mundo de la misma manera decidí que tenía que poner en marcha mi vida normal una vez más, elegir los cambios que quería hacer en ella y hacerlos y continuar con lo que se me había truncado, ya sea hablando bien o ya sea hablando más o menos como ahora, al que no le guste escucharme, que no lo haga que a fin de cuentas bastantes cosas he superado yo solita como para andar preocupándome por a quien le gusto y a quien no.

Cómo se sale de una depresión? Con paciencia y cabeza dura. No me hago la superada, cada día hago un esfuercito más para estar mejor pero intento todos los días tomar desiciones que me enorgullecen y me hacen sentir bien.

Para empezar, seleccioné un grupo de relaciones que me resultan positivas y comencé a recultivarlas. Ya no desde la postura de la enferma que es visitada. Desde la normalidad. Desde toda la normalidad que mi situación me permite. Curiosamente aparecieron en mi vida personas con una luz y una energía y un brillo y una positividad capaz de arrastrarme con ellas. Miento. No aparecieron de la nada, esas personas ya estaban ahí solo que había que darles más entrada. Paula y Caro. Que hermosas mujeres, pura alegría transmiten desde una mirada que guarda profundos dolores propios superados día a día y que son el reflejo vivo de que sí se puede.

Comencé a tomarme en serio actividades que me son placenteras y que constituyen un espacio exclusivamente para mi.

Voy una vez por semana a una masajista. Es fabulosa, me hace masajes, digitopuntura, reiki. me pone semillas en las orejas y me dió unas gotas homepáticas. Los masajes, sobretodo los que son a nivel de nuca y cervical me han hecho mejorar mucho mi descanso y relajar muchísima tension que acumulo por hacer constante fuerza y estar siempre nerviosa a nivel maxilar. Yo soy un poco escéptica con lo del reiki y las semillas, pero viene en el combo y si ella me quiere pasar energía universal pues que me la pase. Mal no me hace.

También voy una vez por semana a yoga. Soy muy mala. Tengo un pésimo estiramiento, una pésima coordinación y una facilidad tremenda para distraerme mientras hay que concentrarse. Pero la paso muy bien y siento durante toda la clase, por más que me cuestan los ejercicios que lo que hago es positivo. Siempre vuelvo de la clase de yoga relajada y feliz. Por cierto, me puse masajes los martes y yoga los jueves. Como para tener todos los chakras organizaditos toda la semana.

Comencé a ir en bici a todos lados. Mi amiga Paula se fue de viaje y me dejó su bici. Una GT Nomad citadina último modelo. Simplemente no me puedo bajar de ella. Me liberó. Voy a todos lados en bici y siempre se me ocurre un lugar nuevo al que ir para andar un ratito más. La bici es vida, definitivamente.

Retomé mis cursos. Antes de operarme estaba cursando tres materias que debía para recibirme de profesora de literatura. En realidad, terminé mis estudios hace como tres años pero nunca había dado los exámenes finales. El cáncer me hizo notar todo lo que deseo ser profesora. Hoy día no se si podré hablar lo suficientemente bien como para dar clases. Supongo que en algún momento si, pero mientras lo averiguo, voy a por ese título. Volver a estudiar fue un desafío, muchas veces empecé, muchas veces largué todo y me pregunté para que quería recibirme de algo que ni siquiera sé si voy a poder ejercer. Pero dí mis pruebas parciales. En la primera me fue muy bien. En la segunda me fue más o menos. En la última aún no sé, pero haberlas dado me habilita a dar mis exámenes finales y sobretodo me reintroduce en la vida académica y me demuestra que sí puedo.

Perdoné. Dejé fluir todos los sentimientos atrapados que tenía hacia personas que sentía me habían fallado o no habían sido lo que yo esperaba. Las personas son lo que son y dan lo que tienen. Me siento agradecida de recibir cariño, mucho o poco y si necesito otras cosas, otras contenciones, otras actitudes, no es cuestión de andar pidiéndoselo o esperándolo de todo el mundo, quizá es cuestión de posicionarse frente a las personas correctas.

Volví a bailar y salir en la cuerda de tambores con mis amigos. Todos los sábados. Si bien no aguanto todo el ensayo completo y terminada la primera vuelta por lo general me tengo que volver a casa, la alegría volvió a mi cuerpo al ritmo del candombe. Mientras bailo sé que me va a doler todo luego, pero también sé que estoy bailando y eso me llena de felicidad. Reencontrarme con el baile, las sonrisas, las miradas de mis compañeras me llena de una energía insustituíble.

Volví a trabajar. Eso no me hace tan feliz…. pero me hace feliz sentirme normal, volver a la vida común. Mis compañeros de trabajo son muy lindos y me han recibido muy bien. Me dejan mis espacios a solas cuando ven que no tengo ganas de hablar o que ando un poco dolorida, me tratan normalmente, no preguntan sobre mis comidas. Mis compañeros son muy lindos. He notado que mi actitud hacia ellos cambió también, hoy día recibo sólo lo positivo de todo el mundo. Ya no me interesan los dramas de oficina. Me dan mucha gracia.

Me puse linda, me dediqué a quererme. A peinarme, pintarme las uñas, ponerme algo de maquillaje. Salir a la calle cada día segura de mi misma. Ya basta del patito mojado que salía humillado detrás de su dificultad de hablar. Soy lo que soy y sí, me cuesta hablar. Tengo también otro montón de atributos físicos y humanos, quien quiera averiguarlos bienvenido sea, quien no, también.

Tuve una cita. Si. Me puse a prueba a mi misma. Un chico me invitaba a salir desde hacía tiempo. Él sabía que estaba operada pero no sabía toda mi historia. Me debatí largamente entre si ir o no ir. Entre la verguenza que me daba ir hablando un poco mal. Entre las espectativas del encuentro, que pensaría de mí, como le explicaría que tuve un cáncer. Contra lo que más luché fue contra el fantasma de que al verme me hecharía una patada en el culo y que nadie querría salir con alguien enfermo (o más bien en recuperación) como yo. Hasta que me dije a mí misma que una salida al cine no mata a nadie. Que si él no me volvía a llamar pues la película igual era buena y verla acompañada siempre es mejor y que el buen momentno no me lo quita nadie. La pasé estupendamente. Vimos la película y luego fuimos a un bar. Yo tomé capucchino y el whisky y nos reímos un par de horas. Me alegro enormemente de haberme animado y al mismo tiempo me di cuenta de que si bien el chico me encanta y me parece genial yo en éste preciso momento no estoy con ganas de comenzar ninguna relación sentimental, en este momento solo tengo ganas de enfocarme en mi. El tiempo dirá si volvemos a salir, tal vez es justamente eso lo que necesito, tiempo. Si no sucede, pues nada: vayan a ver Mr. Kaplán que es una muy buena película.

Por último, subo la última foto que me saqué. La primera que me gusta después de la enfermedad y todos los tratamientos. Me parece que salí muy linda y eso es un mimo al autoestima. También es la primer foto mía de todo el blog.

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Hasta ahí lo que hice estas semanas y como siento que logré rescatarme de un hundimiento tremendo. Pequeñas y persistentes acciones diarias. Y mucha cabeza dura. Nadie más que nosotros mismos puede rescatarnos de hundirnos en la depresión.

También cociné y en los próximos días se viene un helado vegano, una crema de boniatos, una crema de aceitunas y otras delicias.

Y a seguír sonriendo.