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Sopa de col de campo

Acá en Uruguay no se le dice col al repollo, pero en España sí y yo leo muchos blogs españoles de cocina y se me ha pegado la palabra ”col”. Y me encanta, me gusta su sonoridad, su grafía y también me encanta la col o el repollo, como prefieran. Y como esta sopa es totalmente de mi autoría me permito llamarla como a mi me gusta sopa de col y le agrego el ”de campo” porque hoy la he preparado en una linda casa de campo o mas bien de playa pero bueno, de campo me gusta más y como ya dije, como la sopa es de mi autoría la llamo como quiero.

Me vine unos días a una casa de playa en Valizas, un balneario a unos 400 km de Montevideo al que vengo desde niña y que siempre me transmite mucha paz. En verano se llena de veraneantes y turistas por eso lo prefiero en éstas épocas e incluso en pleno invierno. Vinimos con mi prima y aunque el tiempo no nos ha favorecido el estar acá ya me ha despejado la mente, llenado de paz y transmitido una nueva energía para seguir encarando el post operatorio, los médicos y todas las idas y venidas de mi pequeño gran problemita de salud.

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Venirme me implicó superar algún miedo. Alejarme de casa, venir a un lugar sin atención médica cercana y alejarme de mi cocina. Tuve miedo de qué y cómo iba a comer pero me decidí, empaqué calmantes, la homeopatía y el mixer y me vine junto con mi prima a desconectarme.

Podría decirse que el tiempo no nos ha acompañado sin embargo los días nublados y de lluvia son igualmente aprovechables y estar alejadas de todo nos ha venido muy bien a las dos. Hemos leído, mirado películas y series, charlado abundante y comimos cantidad de cremas, sopas y yogures. Para nosotras, un éxito de escapada.

En mi miedo de no saber que comería también empaqué un repollo. No me juzguen. No quería dejarlo en mi heladera solo y supuse que teniendo el mixer en caso de emergencia podía hacerme una buena sopa licuada de repollo. Que puedo decir… hace mucho que no salgo y comer de verdad es un estrés. Hoy el repollo se convirtió en una maravillosa sopa de col de campo que ha sido todo un éxito de tarde nublada y ventosa. Acá va la receta

Ingredientes

Un repollo chico o medio grande – Medio morrón grande – tres zanahorias chicas – un tomate – una lata de arvejas – aceite de oliva – 1 cta cúrcuma – 1/2 cta nuez moscada – sal –  pimienta – humo líquido (opcional)

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Procedimiento

Cortamos el repollo y el morrón en tiras finas. Rallamos la zanahoria y cortamos el tomate en cubos.

Calentamos unas dos cucharadas de aceite en una olla, colocamos el repollo y lo salamos, vamos revolviendo constantemente hasta que notemos que queda blando, semitransparente y reduce como 2/3 su tamaño. Agregamos la zanahoria, el morrón el tomate y las arvejas. Revolvemos y agregamos una cucharadita colmada de cúrcuma, media cucharadita de nuez moscada y pimienta a gusto. Se le puede agregar una cucharadita de humo líquido (no hay que pasarse sino todo queda con sabor ahumado) yo aquí no tenía pero hice esta misma receta la semana pasada y queda espectacular.

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Cuando vemos que el tomate se ha deshecho un poco cubrimos con agua, tapamos la olla y dejamos a fuego lento hasta que hierva. Una vez que hierva lo dejamos unos 10 minutos más y luego apagamos el fuego y dejamos reposar unos minutos.

Yo pasé mi porción por el mixer, mi prima dejó la suya con las verduras en trozos. Cualquiera de las dos versiones ha sido un éxito. Le pusimos un poco de parmesano rallado aunque yo hubiese preferido salsa de soja, que no teníamos.

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No dejen de hacer esta receta y sobretodo, no dejen de animarse a salir, tomarse tiempo libre, alejarse un poco de sus casas, del médico, despejar la cabeza de los problemas y complicaciones diarios de la enfermedad. La tranquilidad y paz mental curan. Encerrarnos en nuestras casas es cómodo y lindo pero a veces también se necesita renovar un poco el aire.

Bon apetit!

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Está bien, lo reconozco, no es que uno mire la foto de mi almuerzo y le vengan unas ganas desaforadas de comer conmigo pero la verdad es que no es tan malo como parece, de hecho, puede ser un éxito como lo han comprobado mis amigas que cada vez más se suman a comer lo mismo que yo en meriendas y cenas. Lo blandito y cremoso tiene su encanto. Tengan en cuenta que la presentación en tuppers no ayuda… pero si se imaginan estas mismas comidas en unas lindas cazuelas de barro la cosa cambia.

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En mi experiencia la variedad anima la comida y abre el apetito. Nadie quiere tomarse un litro y medio de sopa o licuado y es mas o menos lo que deberíamos tomar si atendemos a las porciones y cantidades con las que los preparamos. En vez de eso, mi técnica es comer un poquito de cada cosa, para dar variedad al paladar.

En todo caso la idea era mostrarles un menú variado y que fue un éxito hoy. Arriba a la izquierda tenemos (con un poco de imaginación) un sandwich de pan integral, tomate, orégano, aceitunas y levadura de cerveza. Todo con un poquito de agua y pasado por el mixer. Una delicia. Arriba a la derrecha tenemos una sopa de brócoli y champignones. Abajo a la derecha un tradicional guacamole y por último, abajo a la izquierda, un batido green de espinaca, pepino, manzana verde, jengibre y repollo blanco.

Observen que he roto la barrera de la sopa. Si, licúo sandwiches y tienen que saberlo: quedan espectaculares. Ultimamente estoy probando con cocinar normal y licuar y excepto algunas fallas, me ha ido muy bien.

Anímense.

Levantarse

Hace mucho que no escribo nada. He tenido unas semanas de profundos cambios que me han llevado a tener poco tiempo pero también encarar la vida de manera diferente. Tuve que ganarle a una depresión y eso me mantuvo ocupada. Pero lo hice.

Estuve muy deprimida, agotada, no encontraba la manera de consolarme. Me despertaba llorando, lloraba durante el día, odiaba cada bocado que daba, no quería ver gente. Estaba de muy mal humor y estaba entrando en un círculo de angustia que se me hacía cada vez más asfixiante. Quería ya mismo recuperar mi antigua vida. Hacer lo mismo que todos, volver a ser yo y la imposibilidad de hacerlo ya mismo me frustraba así como me frustraba el hecho de sentir que nunca volvería a ser la misma. Y luego de darle muchas vueltas,,, me dí cuenta que tenía que dejar de luchar con eso.

Efectivamente, nunca voy a volver a ser la misma. Jamás. Vencí un cáncer. Estoy pagando carísimo las consecuencias de eso, pero estoy acá. Y si no me ganó un cáncer no me va a ganar una depresión. Nunca volveré a ser la misma, hoy me quiero mucho más, hoy me cuido mucho más, hoy me veo en la obligación de amar y disfrutar cada momento que paso porque ya sé exactamente lo que es no tenerlo. Sentir que se pierde todo.

Partiendo de la base de que nunca volvería a ser la misma, de que no hay forma de que yo me vincule con el mundo de la misma manera decidí que tenía que poner en marcha mi vida normal una vez más, elegir los cambios que quería hacer en ella y hacerlos y continuar con lo que se me había truncado, ya sea hablando bien o ya sea hablando más o menos como ahora, al que no le guste escucharme, que no lo haga que a fin de cuentas bastantes cosas he superado yo solita como para andar preocupándome por a quien le gusto y a quien no.

Cómo se sale de una depresión? Con paciencia y cabeza dura. No me hago la superada, cada día hago un esfuercito más para estar mejor pero intento todos los días tomar desiciones que me enorgullecen y me hacen sentir bien.

Para empezar, seleccioné un grupo de relaciones que me resultan positivas y comencé a recultivarlas. Ya no desde la postura de la enferma que es visitada. Desde la normalidad. Desde toda la normalidad que mi situación me permite. Curiosamente aparecieron en mi vida personas con una luz y una energía y un brillo y una positividad capaz de arrastrarme con ellas. Miento. No aparecieron de la nada, esas personas ya estaban ahí solo que había que darles más entrada. Paula y Caro. Que hermosas mujeres, pura alegría transmiten desde una mirada que guarda profundos dolores propios superados día a día y que son el reflejo vivo de que sí se puede.

Comencé a tomarme en serio actividades que me son placenteras y que constituyen un espacio exclusivamente para mi.

Voy una vez por semana a una masajista. Es fabulosa, me hace masajes, digitopuntura, reiki. me pone semillas en las orejas y me dió unas gotas homepáticas. Los masajes, sobretodo los que son a nivel de nuca y cervical me han hecho mejorar mucho mi descanso y relajar muchísima tension que acumulo por hacer constante fuerza y estar siempre nerviosa a nivel maxilar. Yo soy un poco escéptica con lo del reiki y las semillas, pero viene en el combo y si ella me quiere pasar energía universal pues que me la pase. Mal no me hace.

También voy una vez por semana a yoga. Soy muy mala. Tengo un pésimo estiramiento, una pésima coordinación y una facilidad tremenda para distraerme mientras hay que concentrarse. Pero la paso muy bien y siento durante toda la clase, por más que me cuestan los ejercicios que lo que hago es positivo. Siempre vuelvo de la clase de yoga relajada y feliz. Por cierto, me puse masajes los martes y yoga los jueves. Como para tener todos los chakras organizaditos toda la semana.

Comencé a ir en bici a todos lados. Mi amiga Paula se fue de viaje y me dejó su bici. Una GT Nomad citadina último modelo. Simplemente no me puedo bajar de ella. Me liberó. Voy a todos lados en bici y siempre se me ocurre un lugar nuevo al que ir para andar un ratito más. La bici es vida, definitivamente.

Retomé mis cursos. Antes de operarme estaba cursando tres materias que debía para recibirme de profesora de literatura. En realidad, terminé mis estudios hace como tres años pero nunca había dado los exámenes finales. El cáncer me hizo notar todo lo que deseo ser profesora. Hoy día no se si podré hablar lo suficientemente bien como para dar clases. Supongo que en algún momento si, pero mientras lo averiguo, voy a por ese título. Volver a estudiar fue un desafío, muchas veces empecé, muchas veces largué todo y me pregunté para que quería recibirme de algo que ni siquiera sé si voy a poder ejercer. Pero dí mis pruebas parciales. En la primera me fue muy bien. En la segunda me fue más o menos. En la última aún no sé, pero haberlas dado me habilita a dar mis exámenes finales y sobretodo me reintroduce en la vida académica y me demuestra que sí puedo.

Perdoné. Dejé fluir todos los sentimientos atrapados que tenía hacia personas que sentía me habían fallado o no habían sido lo que yo esperaba. Las personas son lo que son y dan lo que tienen. Me siento agradecida de recibir cariño, mucho o poco y si necesito otras cosas, otras contenciones, otras actitudes, no es cuestión de andar pidiéndoselo o esperándolo de todo el mundo, quizá es cuestión de posicionarse frente a las personas correctas.

Volví a bailar y salir en la cuerda de tambores con mis amigos. Todos los sábados. Si bien no aguanto todo el ensayo completo y terminada la primera vuelta por lo general me tengo que volver a casa, la alegría volvió a mi cuerpo al ritmo del candombe. Mientras bailo sé que me va a doler todo luego, pero también sé que estoy bailando y eso me llena de felicidad. Reencontrarme con el baile, las sonrisas, las miradas de mis compañeras me llena de una energía insustituíble.

Volví a trabajar. Eso no me hace tan feliz…. pero me hace feliz sentirme normal, volver a la vida común. Mis compañeros de trabajo son muy lindos y me han recibido muy bien. Me dejan mis espacios a solas cuando ven que no tengo ganas de hablar o que ando un poco dolorida, me tratan normalmente, no preguntan sobre mis comidas. Mis compañeros son muy lindos. He notado que mi actitud hacia ellos cambió también, hoy día recibo sólo lo positivo de todo el mundo. Ya no me interesan los dramas de oficina. Me dan mucha gracia.

Me puse linda, me dediqué a quererme. A peinarme, pintarme las uñas, ponerme algo de maquillaje. Salir a la calle cada día segura de mi misma. Ya basta del patito mojado que salía humillado detrás de su dificultad de hablar. Soy lo que soy y sí, me cuesta hablar. Tengo también otro montón de atributos físicos y humanos, quien quiera averiguarlos bienvenido sea, quien no, también.

Tuve una cita. Si. Me puse a prueba a mi misma. Un chico me invitaba a salir desde hacía tiempo. Él sabía que estaba operada pero no sabía toda mi historia. Me debatí largamente entre si ir o no ir. Entre la verguenza que me daba ir hablando un poco mal. Entre las espectativas del encuentro, que pensaría de mí, como le explicaría que tuve un cáncer. Contra lo que más luché fue contra el fantasma de que al verme me hecharía una patada en el culo y que nadie querría salir con alguien enfermo (o más bien en recuperación) como yo. Hasta que me dije a mí misma que una salida al cine no mata a nadie. Que si él no me volvía a llamar pues la película igual era buena y verla acompañada siempre es mejor y que el buen momentno no me lo quita nadie. La pasé estupendamente. Vimos la película y luego fuimos a un bar. Yo tomé capucchino y el whisky y nos reímos un par de horas. Me alegro enormemente de haberme animado y al mismo tiempo me di cuenta de que si bien el chico me encanta y me parece genial yo en éste preciso momento no estoy con ganas de comenzar ninguna relación sentimental, en este momento solo tengo ganas de enfocarme en mi. El tiempo dirá si volvemos a salir, tal vez es justamente eso lo que necesito, tiempo. Si no sucede, pues nada: vayan a ver Mr. Kaplán que es una muy buena película.

Por último, subo la última foto que me saqué. La primera que me gusta después de la enfermedad y todos los tratamientos. Me parece que salí muy linda y eso es un mimo al autoestima. También es la primer foto mía de todo el blog.

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Hasta ahí lo que hice estas semanas y como siento que logré rescatarme de un hundimiento tremendo. Pequeñas y persistentes acciones diarias. Y mucha cabeza dura. Nadie más que nosotros mismos puede rescatarnos de hundirnos en la depresión.

También cociné y en los próximos días se viene un helado vegano, una crema de boniatos, una crema de aceitunas y otras delicias.

Y a seguír sonriendo.

Arroz con leche (v)

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Reconozco que se me está haciendo cuesta arriba lo de licuar absolutamente todo. Estoy cansada y busco nuevos sabores. La ansiedad me lleva al azúcar y a lo dulce y no puedo evitar sentirme culpable cada vez que me doy atracones de postres comprados. Siento que me hacen tremendamente mal, son bombas de azúcar y lácteos. A eso se suma el hambre constante. Vivir a líquidos no es fácil. Así que se me ocurrió hacerme un arroz con leche, es algo que siempre me ha encantado y decidí probar de hacerlo con leche vegetal y luego licuarlo. Me quedó riquísimo y no me duró nada, así que ya voy a tener que hacer más… dejo la receta:

Ingredientes: 1 lt de leche de avena, 3/4 tazas de arroz, ralladura de cáscara de un limón, media rama de canela, 2 cucharadas de azúcar. Canela molida para servir.

Preparación: Hervir 3 minutos la leche con la ralladura y la rama de canela, revolviendo suavemente. Agregar el arroz y dejar hirviendo a fuego bajo durante unos 30 minutos. Controlar que no se acabe el líquido y agregar más si es necesario. Una vez terminado agregar el azucar y revolver.

Para quienes puedan masticar, ya está listo, para los que necesitamos licuado… a la licuadora. Se sirve con canela espolvoreada y además de ser delicioso es sumamente llenador.

Espero que lo gocen!

Leche de avena

Hay cantidad de razones por las cuales no consumir leche ni derivados lácteos. Las razones se multiplican si uno es un paciente oncológico. Brevemente las resumo a continuación y dejo mi receta de leche de avena que además de ser mucho más sana, es deliciosa.

Está comprobadísimo que la leche vacuna que habitualmente tomamos es mala para la salud, así como la ingesta desmesurada de lácteos. Si bien se nos ha dicho habitualmente que los mismos son los que nos proveen de calcio, está comprobado que nuestro cuerpo no está preparado para absorver los nutrientes provenientes de los derivados lácteos y una muestra de ello es que las sociedades occidentales y muy especialmente las organizadas en base a un sistema ganadero (como las latinoamericanas), grandes consumidoras de lácteos, son las que detentan mayores índices de osteoporosis (falta de calcio en los huesos) en comparación con las sociedades orientales donde el consumo de lácteos no se encuentra tan difundido.

Por otra parte, el exceso de proteínas animales y la mala asimilación de las mismas por parte del cuerpo humano es considerada una de las causantes del cáncer. En occidente, una de las primeras escuelas de nutrición que retiró los lácteos de la lista de alimentos recomendados para el consumo habitual es nada menos que la de Harvard. Fácilmente puedan googlear Harvard y leche y les salen cantidad de artículos. Al respecto también recomiendo leer el libro El estudio de China del Dr. Campbell, científico ampliamente reconocido en el ámbito del estudio de las proteínas y su asimilación del cual pueden encontrar el link en uno de los posts anteriores.

También se suma el hecho de las tremendas condiciones de expoltación ganadera, muchas veces asimilables a la tortura y el hecho fácilmente razonable de que los humanos somos los únicos animales que tomamos leche a lo largo de toda nuestra vida pero no solo eso, tomamos una leche de otra especie. Porque como siempre le recuerdo a los que me preguntan al respecto, le leche de vaca, es para el ternero, no para nosotros.

Procuro reducir mi consumo de lácteos al mínimo indispensable. Reconozco que sobretodo en momentos de ansiedad y desesperación, en los que el estado de mi boca ha sido sumamente delicado, he sido una gran consumidora de postres comprados de chocolate y vainilla. La primer semana de mi posoperatorio fueron prácticamente todo mi alimento. Pero existen recetas de estos postres sin leche vacuna y también sin tanta azúcar que son mucho más sanas, luego subiré alguna.

La leche de avena es extremadamente rica en vitaminas y nutrientes, ademas de tener un potente efecto saciador (llena rápidamente con una taza) y también relajante gracias a su componente la avenina, lo cual la convierte en un snack sano ideal para momentos de ansiedad. Puede ser utilizada igual que la leche común en recetas dulces o saladas.

Dejo a continuación mi receta de leche de avena.

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Remojar en un litro de agua durante mínimo 4 horas 4 cucharadas de avena laminada (no instantánea). Habitualmente yo la dejo remojando de noche y a la mañana la preparo.

Licuar y colar con un colador fino. Está pronta. Dura 5 días en la heladera… pero seguro se la toman antes.

Para saborizarla o endulzarla se le puede agregar azúcar, pero mis favoritos y recomendados son vainilla o canela.

En la foto se ve un submarino de leche de avena y canela con un pedazote de chocolate que me comí hoy.

Espero que la disfruten.

 

Cabeza dura – ”tosticuadas” (tostadas con queso untable)

Yo soy cabeza dura, claro que si. Y hoy quise comer tostadas.

Estamos en vísperas de cumplir un mes de mi operación. Probablemente el peor mes desde que todo empezó. Después de casi dos meses de sentirme en proceso de recuperación, la operación la viví como un retroceso, como un fracaso. Me había creído del todo curada pero no. Volver al sanatorio, al dolor, a la dependencia, a la medicación. Nuevamente no poder comer y ahora si, oficialmente no poder hablar. No voy a mentir, no la he pasado bien. Estoy enojada y frustrada. Y con mucha hambre.

No hay gastroctomía esta vez. Tuve un día un tubo nasogástrico en el hospital, las enfermeras me pasaron demasiado rápido la comida, vomité y me negué a que me siguieran alimentando por ahí, así que me lo sacaron… y me dejaron que me arreglara como pudiese.

La primer semana apenas algo de yogur y postres. Mi lengua estaba hinchada y enorme, hice malabares por ponerme las cremas con una cucharita sobre la lengua y recostar la cabeza para atrás para que deslizara hasta la garganta. Ah si, todo un desafío.

En otro momento escribiré algo sobre el no poder hablar y sobre el comunicarse balbuceando. Todavía no lo tengo demasiado procesado, pero no es nada lindo.

En todo caso, hoy, en vísperas de cumplirse un mes de mi operación yo quise comer tostadas con queso untable. Tostadas. Pan seco. La sola idea parece inviable. No he comido una tostada desde que empecé el tratamiento, es casi un alimento prohibido, sin saliva no se puede masticar y su sequedad puede lastimar la boca. Ni hablar si estamos recien operados y no podemos mover la lengua para masticar. Pero yo quería comer tostadas y una amiga venía a merendar. Y yo quería comer tostadas. Y prefería morir antes de comer una estúpida crema. Así que me decidí a licuar tostadas.

En principio compré un pan chiquito. No quería frustrarme. Un pan chiquito y un pote de queso untable. Hice las tostadas normalmente, como si no pasara nada extraño, las unté y así las puse en la licuadora con un vaso de agua, licué, puse en un pote y entibié en el microondas. Deseé con todas mis fuerzas que fuera rico. Y con lágrimas en los ojos, después de siete meses, comí tostadas con queso. Y sentí el sabor a pan tostado y tibio.

Mi amiga trabaja en un bar y se trajo un pan casero de ahí, lo traía en la mochila para ella y cuando le abrí la puerta y le dije que ibamos al super a comprar pan porque había descubierto que podía licuar tostadas me lo regaló. Hasta ella comió tosticuadas y no podía creer que mi inviento fuera rico.

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Acá la foto de como preparamos las tostadas… sí, hice una cantidad desorbitante. Y a continuación, la foto de las famosas tostadas en mi amada licuadora.

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Por último, el resultado final, tosticuadas acompañadas con unos espectaculares submarinos de chocolate con leche de avena.

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No pudimos terminar los potes de tosticuadas, son verdaderamente llenadores, pero quedamos felices y rechonchas.

Anímense con las tosticuadas. Quedan deliciosas.

Sopa de verduras con extra de caldo

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En invierno los puestos de la feria venden por $20 estos pequeños rejuntes de verduras para hacer caldo o sopa. Nunca me pude resistir a comprar uno cada vez que paso por la feria. Me encantan y hago ambas cosas. Caldo y sopa.

El caldo.

En la foto tenemos un pedazo de zapallo, un boniato, una papa, medio morron, un puerro, un pedazo de repollo, medio choclo, un nabo, una zanahoria, perejil y unas ramitas de apio.

Ponemos todo en una olla con agua hirviendo sal y tres cucharadas de aceite de oliva y lo dejamos unos 40 minutos. Luego retiramos las verduras con un colador y guardamos el caldo. Yo pongo una parte en la cubetera del freezer y cuando necesito calditos para cocinar tengo estos que son mucho más sanos que los comprados. También guardo porciones para tomar solo.

La sopa.

Licuamos todas las verduras con una taza y madia de caldo. Con la licuadora en funcionamiento agregamos lentamente un generoso chorro de aceite de oliva y una cucharadita de comino. Una delicia.

Sobredosis de amor

De un momento a otro ser diagnosticada de cáncer me cambio la vida. Apenas tuve algunos días para juntarme con algunos amigos y contarles lo que me estaba pasando. Inicié la radioterapia y enseguida me coordinaron la primera quimio. Arreglé para irme a lo de mi madre (bueno, mi madre casi me secuestré, pero es lo mismo), asustada por todos los efectos secundarios que escuche que tendría. Dejé de trabajar.

Mi primer quimioterapia fue tremendamente dura. Yo me encontraba debilitada después de meses de comer mal y la dosis fue extremadamente fuerte. Terminé internada. Pase navidad internada y el 31 de diciembre me dejaron ir del hospital a la tarde porque no me quedó un solo funcionario al que no le pedí por favor que me dieran el alta. Obviamente, luego de la internación volví a lo de mi madre y ahí se me dio un fenómeno de lo mas curioso que me parece importante compartir.

En la casa de mi madre obviamente gocé de todos los cuidados y el amor posibles. Ella se encargaba a la mañana de cocinar las verduras y otras comidas para luego pasar por la gastroctomía, traerme el preparado a la cama, darme los medicamentos, controlar la cantidad de agua que tomaba, prepararme la ropa y llevarme a la radioterapia. Acomodar la casa, dejarme dormir una pequeña siesta luego de la radio, traerme el almuerzo a la cama, nuevamente los medicamentos y así todo el día. Yo me limitaba a mirar series, contestar mensajes, navegar por internet, buscar información sobre lo que me estaba pasando. No recibía mucha visita. No la quería. No me gustaba que me vieran postrada, no me gustaba la gastroctomia, no tenia ganas de que nadie me viniera a compadecer y ademas, hablar me cansaba, me secaba la boca y terminaba siendo muy incomodo. Por lo general concentraba varios amigos un mismo día y a una misma hora y los dejaba hablando entre ellos.

Lo mismo sucedió después de la operación. Fui a lo de mi madre. No podía hablar, apenas comer cremas que debían ser preparadas con un punto exacto de deslizamiento y temperatura. Volví a no querer ver gente, me daba vergüenza que me vieran así.

En ambas oportunidades caí en profundos pozos depresivos. No quería levantarme, lloraba todo el día, no encontraba consuelo. Y en ambas oportunidades la solución que encontré fue la misma. Volví a mi casa. Volví a vivir sola, a hacerme cargo de mi. A prepararme mi propia comida, a tener que ir al supermercado para aprovisionarme a vivir normalmente la cotideaneidad. Para nuestros acompañantes más cercanos puede parecer confuso u ofensivo, pero la sobredosis de amor creo que nos enferma más. Por lo menos a mi me enferma más. Sentirme inválida, sentir que necesito que me lleven de un lado a otro, que me preparen la comida, sentir que observen cada una de mis acciones e intenten colaborarme con ellas me altera los nervios.

En las pequeñas cosas del día se me va el tiempo, hasta llegar al punto de darme cuenta que no he logrado hacer en el día todo lo que quería. Y eso me alegra. Me hace sentir viva. Y por sobre todas las cosas me hace olvidarme de la enfermedad. Preparar sopas y cremas, buscar las recetas, ir a comprar los ingredientes, seleccionarlos en la feria de la mañana, buscar en el supermercado los elementos que pude no haber conseguido, preparar las verduras, cocinarlas, encontrar la textura perfecta, el sabor indicado, utilizar esa especia que hará la crema deliciosa. Pero también aprovechar para encargarse del hogar, de todo eso que no hacemos. Ordenar, pintar un mueble, ir a comprar un libro, recorrer todas las librerías y volver sin ninguno, escuchar un programa de radio sin hacer nada más y sin que nadie lo haga por nosotros.

Y la soledad también hace que busquemos la compañía. A pesar de no hablar del todo bien, puedo invitar gente a tomar una sopa conmigo. Se convierte en mi tarea del día. Preparar algo rico para agasajar a alguien.

Este post tiene como finalidad reivindicar la necesidad de mantener dentro de lo posible la normalidad de nuestras vidas. Reivindicar el aspecto terapéutico de hacernos cargo de nosotros mismos. Quienes nos acompañan a veces se desviven por solucionarnos todos los aspectos de la vida y nos anulan. Sobredosis de amor le digo yo.

Sopa de puerros **de mama**

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Despues de un dia complicado, no se me ocurre una mejor receta para subir. Cada vez que hay alguna complicacion o acontecimiento en el transcurso de mi curacion vengo a pasarme unos dias a lo de mi madre. Fuera de mi apartamento, en su casa con jardin, donde estan los olores, ruidos y sensaciones de donde creci y donde obviamente esta ella, quien sin lugar a dudas es mi pilar y mi mas fiel acompanante en esta etapa que me toca vivir ahora y en todas las demas tambien. Y muy rara vez paso algun tiempo aca sin pedirle que me haga su sopita de puerros. El post operatorio no es la excepcion y dado que solo tolero cremas muy blandas no habia forma de evitar terminar en esta crema de maravillas.

El puerro es sin lugar a duda de mis comidas favoritas y con ellos y la mano de mi madre se elabora la mejor sopa del mundo de las cuales les transcribo lamas que simple receta:

Ingredientes

3 puerros picados (con la parte verde tambien, porque la comida no se tira, dice mama) – 3 cdas de aceite – 3 cdas de harina – 1 caldo de verduras (o una taza si es casero) – agua

Preparacion

Saltar los puerros en el aceite hasta que esten marchitos. Agregar el harina y revolver energicamente. Agregar un chorro de agua y revolver hasta que quede lisa el harina. Agregar el resto del agua (aprox. 1 lt) y el caldito de verdura. Hervir hasta que el puerro este listo.

La receta original terminaba ahi, nosotros la pasamos por licuadora y le queda el mismo sabor.