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La pelona

Hoy me pelé. Tuve que hacerlo. Hacía días venía viendo como los mechones iban quedando en las manos, en la cama, en el piso del baño. No quería bañarme porque sabía lo que significaba.

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Le pedí a unos amigos fotógrafos que se juntaran conmigo para hacerme unas fotos… quedamos para estos días. Pero lo de no tocarme la cabeza para evitar la caída del pelo comenzó a resultarme ridículo. Tengo fotos con pelo. Y el pelo crece.

Además, algo en mí ya había estado haciendo ruido desde hacía unos días.

En la feria del domingo me había comprado dos gorros y la verdad… quería usarlos. Uno tipo panamá pero femenino y estampado con rosados, celestes y amarillo. Otro tipo pamela, con una cinta negra muy delicada. No es que sepa mucho de somberos, tuve que googlear estos nombres porque hasta el momento para mi todo era simplemente ” un gorro”.

Así que hoy aproveché el mediodía. Fui despacito caminando a la peluquería. Fui mirando el pelo y el peinado de cada mujer que me crucé. Di una vuelta por un negocio en el que nada tenía que comprar, fui al cajero y saqué más dinero del que necesitaba y me metí a la peluquería.

Me costó explicarles que me quería rapar. Actualmente no puedo hablar por el tamaño del tumor que tengo en la boca. Sin embargo logré indicárselo. Me preguntaron si estaba segura. Delicadamente y con una sonrisa me arranqué un mechón de pelo. El hombre me señaló la máquina para raparse, le sonreí. Me preguntó si querría el pelo. Le indiqué que no con la cabeza.

Había llevado el gorro de colores. Fue rápido. Suspiré y simplemente miré como mechones de pelo grisaceo, sin vida, secos, nada atractivos iban saliendo de mi y liberándome de una presión que no me había dado cuenta que tenía. Me sentí liberada. Sacudí la cabeza. El peluquero me preguntó si estaba bien y le sonreí y le indiqué que si. Me dió la mano y me deseó mucha suerte.

Mientras me rapaban pude ver varias miradas desconcertadas, curiosas. No me molestaron para nada. Cuando me fuí muchos me sonrieron, me desearon suerte. Me miré una vez más en el espejo. Me puse mi gorra nueva. Una panamá estampada en rosado, celestes y amarillos. Me sentí linda, me sentí liberada. Soy una pelona.

Se me ocurren ideas de que voy a imponer un poco la moda del gorrito. Se me ocurre que tendré que comprar más caravanas y aprender a hacerme turbantes. Se me ocurre que tengo ganas de experimentar con mi cabeza. Se me ocurre que todo esto, puede llegar a ser muy divertido.

Asi que bueno, hola a todos. Soy la pelona.

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Volver

Vovió. O nunca se fue. En todo caso está aquí, en todo su esplendor, su dolor, su asquerosidad.

Me han diagnosticado cáncer nuevamente. Si. A tres meses de la operación ”definitiva”.

Yo lo sabía. Lo supe al mes y medio de operada cuando me vi un bulto debajo de la lengu a. El otorrino me aseguró que era un colgajo de la operación. Yo sabía que no era asi. Creció. Se hizo mayor que mi lengua. El otorrino siguió insistiendo en que era un colgajo. Nos peleamos, cambié de médico. La nueva doctora me mandó corticoides y mucha homeopatía. También una punción. Y se resolvió el misterio. Cáncer.

La última semana no hay un día en que no haya ido al médico o tenido un análisis. Me duele todo, me duele la cara, me duele la boca, no puedo comer absolutamente nada, apenas puedo separar los labios. LA inflamación de la cara es tan tremenda que debo ponerme hielo. Algunos médicos me dicen que se me puede hacer una opreación tremenda, con injerto de huesos y demás, que ya me han dado las dosis máximas de quimio y radio. Otros que no se me puede operar así, que es imposible, que hay que darme quimio.

Yo de mientras apenas puedo comer. Pido por favor que me coloquen una gastroctomía de nuevo. Tengo mucha rabia, mucha bronca, mucho odio.

Mi madre se ha quebrado. Va por ahí llorando, se le salen las lágrimas, no las puede contener. Es la primera vez que la veo así.

La tristeza es infinta.

Sopa de col de campo

Acá en Uruguay no se le dice col al repollo, pero en España sí y yo leo muchos blogs españoles de cocina y se me ha pegado la palabra ”col”. Y me encanta, me gusta su sonoridad, su grafía y también me encanta la col o el repollo, como prefieran. Y como esta sopa es totalmente de mi autoría me permito llamarla como a mi me gusta sopa de col y le agrego el ”de campo” porque hoy la he preparado en una linda casa de campo o mas bien de playa pero bueno, de campo me gusta más y como ya dije, como la sopa es de mi autoría la llamo como quiero.

Me vine unos días a una casa de playa en Valizas, un balneario a unos 400 km de Montevideo al que vengo desde niña y que siempre me transmite mucha paz. En verano se llena de veraneantes y turistas por eso lo prefiero en éstas épocas e incluso en pleno invierno. Vinimos con mi prima y aunque el tiempo no nos ha favorecido el estar acá ya me ha despejado la mente, llenado de paz y transmitido una nueva energía para seguir encarando el post operatorio, los médicos y todas las idas y venidas de mi pequeño gran problemita de salud.

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Venirme me implicó superar algún miedo. Alejarme de casa, venir a un lugar sin atención médica cercana y alejarme de mi cocina. Tuve miedo de qué y cómo iba a comer pero me decidí, empaqué calmantes, la homeopatía y el mixer y me vine junto con mi prima a desconectarme.

Podría decirse que el tiempo no nos ha acompañado sin embargo los días nublados y de lluvia son igualmente aprovechables y estar alejadas de todo nos ha venido muy bien a las dos. Hemos leído, mirado películas y series, charlado abundante y comimos cantidad de cremas, sopas y yogures. Para nosotras, un éxito de escapada.

En mi miedo de no saber que comería también empaqué un repollo. No me juzguen. No quería dejarlo en mi heladera solo y supuse que teniendo el mixer en caso de emergencia podía hacerme una buena sopa licuada de repollo. Que puedo decir… hace mucho que no salgo y comer de verdad es un estrés. Hoy el repollo se convirtió en una maravillosa sopa de col de campo que ha sido todo un éxito de tarde nublada y ventosa. Acá va la receta

Ingredientes

Un repollo chico o medio grande – Medio morrón grande – tres zanahorias chicas – un tomate – una lata de arvejas – aceite de oliva – 1 cta cúrcuma – 1/2 cta nuez moscada – sal –  pimienta – humo líquido (opcional)

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Procedimiento

Cortamos el repollo y el morrón en tiras finas. Rallamos la zanahoria y cortamos el tomate en cubos.

Calentamos unas dos cucharadas de aceite en una olla, colocamos el repollo y lo salamos, vamos revolviendo constantemente hasta que notemos que queda blando, semitransparente y reduce como 2/3 su tamaño. Agregamos la zanahoria, el morrón el tomate y las arvejas. Revolvemos y agregamos una cucharadita colmada de cúrcuma, media cucharadita de nuez moscada y pimienta a gusto. Se le puede agregar una cucharadita de humo líquido (no hay que pasarse sino todo queda con sabor ahumado) yo aquí no tenía pero hice esta misma receta la semana pasada y queda espectacular.

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Cuando vemos que el tomate se ha deshecho un poco cubrimos con agua, tapamos la olla y dejamos a fuego lento hasta que hierva. Una vez que hierva lo dejamos unos 10 minutos más y luego apagamos el fuego y dejamos reposar unos minutos.

Yo pasé mi porción por el mixer, mi prima dejó la suya con las verduras en trozos. Cualquiera de las dos versiones ha sido un éxito. Le pusimos un poco de parmesano rallado aunque yo hubiese preferido salsa de soja, que no teníamos.

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No dejen de hacer esta receta y sobretodo, no dejen de animarse a salir, tomarse tiempo libre, alejarse un poco de sus casas, del médico, despejar la cabeza de los problemas y complicaciones diarios de la enfermedad. La tranquilidad y paz mental curan. Encerrarnos en nuestras casas es cómodo y lindo pero a veces también se necesita renovar un poco el aire.

Bon apetit!

Menú superblandito

Está bien, lo reconozco, no es que uno mire la foto de mi almuerzo y le vengan unas ganas desaforadas de comer conmigo pero la verdad es que no es tan malo como parece, de hecho, puede ser un éxito como lo han comprobado mis amigas que cada vez más se suman a comer lo mismo que yo en meriendas y cenas. Lo blandito y cremoso tiene su encanto. Tengan en cuenta que la presentación en tuppers no ayuda… pero si se imaginan estas mismas comidas en unas lindas cazuelas de barro la cosa cambia.

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En mi experiencia la variedad anima la comida y abre el apetito. Nadie quiere tomarse un litro y medio de sopa o licuado y es mas o menos lo que deberíamos tomar si atendemos a las porciones y cantidades con las que los preparamos. En vez de eso, mi técnica es comer un poquito de cada cosa, para dar variedad al paladar.

En todo caso la idea era mostrarles un menú variado y que fue un éxito hoy. Arriba a la izquierda tenemos (con un poco de imaginación) un sandwich de pan integral, tomate, orégano, aceitunas y levadura de cerveza. Todo con un poquito de agua y pasado por el mixer. Una delicia. Arriba a la derrecha tenemos una sopa de brócoli y champignones. Abajo a la derecha un tradicional guacamole y por último, abajo a la izquierda, un batido green de espinaca, pepino, manzana verde, jengibre y repollo blanco.

Observen que he roto la barrera de la sopa. Si, licúo sandwiches y tienen que saberlo: quedan espectaculares. Ultimamente estoy probando con cocinar normal y licuar y excepto algunas fallas, me ha ido muy bien.

Anímense.

Levantarse

Hace mucho que no escribo nada. He tenido unas semanas de profundos cambios que me han llevado a tener poco tiempo pero también encarar la vida de manera diferente. Tuve que ganarle a una depresión y eso me mantuvo ocupada. Pero lo hice.

Estuve muy deprimida, agotada, no encontraba la manera de consolarme. Me despertaba llorando, lloraba durante el día, odiaba cada bocado que daba, no quería ver gente. Estaba de muy mal humor y estaba entrando en un círculo de angustia que se me hacía cada vez más asfixiante. Quería ya mismo recuperar mi antigua vida. Hacer lo mismo que todos, volver a ser yo y la imposibilidad de hacerlo ya mismo me frustraba así como me frustraba el hecho de sentir que nunca volvería a ser la misma. Y luego de darle muchas vueltas,,, me dí cuenta que tenía que dejar de luchar con eso.

Efectivamente, nunca voy a volver a ser la misma. Jamás. Vencí un cáncer. Estoy pagando carísimo las consecuencias de eso, pero estoy acá. Y si no me ganó un cáncer no me va a ganar una depresión. Nunca volveré a ser la misma, hoy me quiero mucho más, hoy me cuido mucho más, hoy me veo en la obligación de amar y disfrutar cada momento que paso porque ya sé exactamente lo que es no tenerlo. Sentir que se pierde todo.

Partiendo de la base de que nunca volvería a ser la misma, de que no hay forma de que yo me vincule con el mundo de la misma manera decidí que tenía que poner en marcha mi vida normal una vez más, elegir los cambios que quería hacer en ella y hacerlos y continuar con lo que se me había truncado, ya sea hablando bien o ya sea hablando más o menos como ahora, al que no le guste escucharme, que no lo haga que a fin de cuentas bastantes cosas he superado yo solita como para andar preocupándome por a quien le gusto y a quien no.

Cómo se sale de una depresión? Con paciencia y cabeza dura. No me hago la superada, cada día hago un esfuercito más para estar mejor pero intento todos los días tomar desiciones que me enorgullecen y me hacen sentir bien.

Para empezar, seleccioné un grupo de relaciones que me resultan positivas y comencé a recultivarlas. Ya no desde la postura de la enferma que es visitada. Desde la normalidad. Desde toda la normalidad que mi situación me permite. Curiosamente aparecieron en mi vida personas con una luz y una energía y un brillo y una positividad capaz de arrastrarme con ellas. Miento. No aparecieron de la nada, esas personas ya estaban ahí solo que había que darles más entrada. Paula y Caro. Que hermosas mujeres, pura alegría transmiten desde una mirada que guarda profundos dolores propios superados día a día y que son el reflejo vivo de que sí se puede.

Comencé a tomarme en serio actividades que me son placenteras y que constituyen un espacio exclusivamente para mi.

Voy una vez por semana a una masajista. Es fabulosa, me hace masajes, digitopuntura, reiki. me pone semillas en las orejas y me dió unas gotas homepáticas. Los masajes, sobretodo los que son a nivel de nuca y cervical me han hecho mejorar mucho mi descanso y relajar muchísima tension que acumulo por hacer constante fuerza y estar siempre nerviosa a nivel maxilar. Yo soy un poco escéptica con lo del reiki y las semillas, pero viene en el combo y si ella me quiere pasar energía universal pues que me la pase. Mal no me hace.

También voy una vez por semana a yoga. Soy muy mala. Tengo un pésimo estiramiento, una pésima coordinación y una facilidad tremenda para distraerme mientras hay que concentrarse. Pero la paso muy bien y siento durante toda la clase, por más que me cuestan los ejercicios que lo que hago es positivo. Siempre vuelvo de la clase de yoga relajada y feliz. Por cierto, me puse masajes los martes y yoga los jueves. Como para tener todos los chakras organizaditos toda la semana.

Comencé a ir en bici a todos lados. Mi amiga Paula se fue de viaje y me dejó su bici. Una GT Nomad citadina último modelo. Simplemente no me puedo bajar de ella. Me liberó. Voy a todos lados en bici y siempre se me ocurre un lugar nuevo al que ir para andar un ratito más. La bici es vida, definitivamente.

Retomé mis cursos. Antes de operarme estaba cursando tres materias que debía para recibirme de profesora de literatura. En realidad, terminé mis estudios hace como tres años pero nunca había dado los exámenes finales. El cáncer me hizo notar todo lo que deseo ser profesora. Hoy día no se si podré hablar lo suficientemente bien como para dar clases. Supongo que en algún momento si, pero mientras lo averiguo, voy a por ese título. Volver a estudiar fue un desafío, muchas veces empecé, muchas veces largué todo y me pregunté para que quería recibirme de algo que ni siquiera sé si voy a poder ejercer. Pero dí mis pruebas parciales. En la primera me fue muy bien. En la segunda me fue más o menos. En la última aún no sé, pero haberlas dado me habilita a dar mis exámenes finales y sobretodo me reintroduce en la vida académica y me demuestra que sí puedo.

Perdoné. Dejé fluir todos los sentimientos atrapados que tenía hacia personas que sentía me habían fallado o no habían sido lo que yo esperaba. Las personas son lo que son y dan lo que tienen. Me siento agradecida de recibir cariño, mucho o poco y si necesito otras cosas, otras contenciones, otras actitudes, no es cuestión de andar pidiéndoselo o esperándolo de todo el mundo, quizá es cuestión de posicionarse frente a las personas correctas.

Volví a bailar y salir en la cuerda de tambores con mis amigos. Todos los sábados. Si bien no aguanto todo el ensayo completo y terminada la primera vuelta por lo general me tengo que volver a casa, la alegría volvió a mi cuerpo al ritmo del candombe. Mientras bailo sé que me va a doler todo luego, pero también sé que estoy bailando y eso me llena de felicidad. Reencontrarme con el baile, las sonrisas, las miradas de mis compañeras me llena de una energía insustituíble.

Volví a trabajar. Eso no me hace tan feliz…. pero me hace feliz sentirme normal, volver a la vida común. Mis compañeros de trabajo son muy lindos y me han recibido muy bien. Me dejan mis espacios a solas cuando ven que no tengo ganas de hablar o que ando un poco dolorida, me tratan normalmente, no preguntan sobre mis comidas. Mis compañeros son muy lindos. He notado que mi actitud hacia ellos cambió también, hoy día recibo sólo lo positivo de todo el mundo. Ya no me interesan los dramas de oficina. Me dan mucha gracia.

Me puse linda, me dediqué a quererme. A peinarme, pintarme las uñas, ponerme algo de maquillaje. Salir a la calle cada día segura de mi misma. Ya basta del patito mojado que salía humillado detrás de su dificultad de hablar. Soy lo que soy y sí, me cuesta hablar. Tengo también otro montón de atributos físicos y humanos, quien quiera averiguarlos bienvenido sea, quien no, también.

Tuve una cita. Si. Me puse a prueba a mi misma. Un chico me invitaba a salir desde hacía tiempo. Él sabía que estaba operada pero no sabía toda mi historia. Me debatí largamente entre si ir o no ir. Entre la verguenza que me daba ir hablando un poco mal. Entre las espectativas del encuentro, que pensaría de mí, como le explicaría que tuve un cáncer. Contra lo que más luché fue contra el fantasma de que al verme me hecharía una patada en el culo y que nadie querría salir con alguien enfermo (o más bien en recuperación) como yo. Hasta que me dije a mí misma que una salida al cine no mata a nadie. Que si él no me volvía a llamar pues la película igual era buena y verla acompañada siempre es mejor y que el buen momentno no me lo quita nadie. La pasé estupendamente. Vimos la película y luego fuimos a un bar. Yo tomé capucchino y el whisky y nos reímos un par de horas. Me alegro enormemente de haberme animado y al mismo tiempo me di cuenta de que si bien el chico me encanta y me parece genial yo en éste preciso momento no estoy con ganas de comenzar ninguna relación sentimental, en este momento solo tengo ganas de enfocarme en mi. El tiempo dirá si volvemos a salir, tal vez es justamente eso lo que necesito, tiempo. Si no sucede, pues nada: vayan a ver Mr. Kaplán que es una muy buena película.

Por último, subo la última foto que me saqué. La primera que me gusta después de la enfermedad y todos los tratamientos. Me parece que salí muy linda y eso es un mimo al autoestima. También es la primer foto mía de todo el blog.

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Hasta ahí lo que hice estas semanas y como siento que logré rescatarme de un hundimiento tremendo. Pequeñas y persistentes acciones diarias. Y mucha cabeza dura. Nadie más que nosotros mismos puede rescatarnos de hundirnos en la depresión.

También cociné y en los próximos días se viene un helado vegano, una crema de boniatos, una crema de aceitunas y otras delicias.

Y a seguír sonriendo.

Sobredosis de amor

De un momento a otro ser diagnosticada de cáncer me cambio la vida. Apenas tuve algunos días para juntarme con algunos amigos y contarles lo que me estaba pasando. Inicié la radioterapia y enseguida me coordinaron la primera quimio. Arreglé para irme a lo de mi madre (bueno, mi madre casi me secuestré, pero es lo mismo), asustada por todos los efectos secundarios que escuche que tendría. Dejé de trabajar.

Mi primer quimioterapia fue tremendamente dura. Yo me encontraba debilitada después de meses de comer mal y la dosis fue extremadamente fuerte. Terminé internada. Pase navidad internada y el 31 de diciembre me dejaron ir del hospital a la tarde porque no me quedó un solo funcionario al que no le pedí por favor que me dieran el alta. Obviamente, luego de la internación volví a lo de mi madre y ahí se me dio un fenómeno de lo mas curioso que me parece importante compartir.

En la casa de mi madre obviamente gocé de todos los cuidados y el amor posibles. Ella se encargaba a la mañana de cocinar las verduras y otras comidas para luego pasar por la gastroctomía, traerme el preparado a la cama, darme los medicamentos, controlar la cantidad de agua que tomaba, prepararme la ropa y llevarme a la radioterapia. Acomodar la casa, dejarme dormir una pequeña siesta luego de la radio, traerme el almuerzo a la cama, nuevamente los medicamentos y así todo el día. Yo me limitaba a mirar series, contestar mensajes, navegar por internet, buscar información sobre lo que me estaba pasando. No recibía mucha visita. No la quería. No me gustaba que me vieran postrada, no me gustaba la gastroctomia, no tenia ganas de que nadie me viniera a compadecer y ademas, hablar me cansaba, me secaba la boca y terminaba siendo muy incomodo. Por lo general concentraba varios amigos un mismo día y a una misma hora y los dejaba hablando entre ellos.

Lo mismo sucedió después de la operación. Fui a lo de mi madre. No podía hablar, apenas comer cremas que debían ser preparadas con un punto exacto de deslizamiento y temperatura. Volví a no querer ver gente, me daba vergüenza que me vieran así.

En ambas oportunidades caí en profundos pozos depresivos. No quería levantarme, lloraba todo el día, no encontraba consuelo. Y en ambas oportunidades la solución que encontré fue la misma. Volví a mi casa. Volví a vivir sola, a hacerme cargo de mi. A prepararme mi propia comida, a tener que ir al supermercado para aprovisionarme a vivir normalmente la cotideaneidad. Para nuestros acompañantes más cercanos puede parecer confuso u ofensivo, pero la sobredosis de amor creo que nos enferma más. Por lo menos a mi me enferma más. Sentirme inválida, sentir que necesito que me lleven de un lado a otro, que me preparen la comida, sentir que observen cada una de mis acciones e intenten colaborarme con ellas me altera los nervios.

En las pequeñas cosas del día se me va el tiempo, hasta llegar al punto de darme cuenta que no he logrado hacer en el día todo lo que quería. Y eso me alegra. Me hace sentir viva. Y por sobre todas las cosas me hace olvidarme de la enfermedad. Preparar sopas y cremas, buscar las recetas, ir a comprar los ingredientes, seleccionarlos en la feria de la mañana, buscar en el supermercado los elementos que pude no haber conseguido, preparar las verduras, cocinarlas, encontrar la textura perfecta, el sabor indicado, utilizar esa especia que hará la crema deliciosa. Pero también aprovechar para encargarse del hogar, de todo eso que no hacemos. Ordenar, pintar un mueble, ir a comprar un libro, recorrer todas las librerías y volver sin ninguno, escuchar un programa de radio sin hacer nada más y sin que nadie lo haga por nosotros.

Y la soledad también hace que busquemos la compañía. A pesar de no hablar del todo bien, puedo invitar gente a tomar una sopa conmigo. Se convierte en mi tarea del día. Preparar algo rico para agasajar a alguien.

Este post tiene como finalidad reivindicar la necesidad de mantener dentro de lo posible la normalidad de nuestras vidas. Reivindicar el aspecto terapéutico de hacernos cargo de nosotros mismos. Quienes nos acompañan a veces se desviven por solucionarnos todos los aspectos de la vida y nos anulan. Sobredosis de amor le digo yo.

Radioterapia

Me indicaron realizar radioterapia todos los dias durante 48 dias (exceptuando los fines de semana). Casi tres meses. Me toco una clinica cerca de mi trabajo, la clinica COR.

La radiotrapia es silenciosa, no duele, no se siente nada. Te acostas en una maquina y esta hace ruidos y a veces se mueve y despues te vas. Para fijar la cabeza siempre en el mismo punto se me hizo una mascara de un plastico extrano que adopta la forma de la cara y que te colocan cada vez que te radias. Las sesiones duraban 5 minutos. Entraba y salia. Mientras estuve en la casa de mi madre ella me llevaba y me traia, 40 minutos de ida y 40 minutos de vuelta por 5 minutos de radiacion.

Lo indoloro y silencioso de la radioterapia contrasta con sus secuelas. Si bien la radioterapia se aplica de forma focalizada y es particularmente efectiva con las celulas cancerosas tambien afecta todo el entorno de donde es enfocada. La destruccion de celulas sanas, inevitable, conduce a una serie de efectos secundarios incomodos, agotadores y que constituyeron la principal fuente de incomodidades de todo mi tratamiento.

En la seccion Sobrellevar el tratamiento de este blog explico tecnicas y trucos para sobrellevar mejor las consecuencias y en la seccion La Comida tambien encontraran algunos consejos utiles.

Para empezar, la perdida de la saliva. Jamas mi boca estuvo tan seca. Incluso a veces la sequedad me dificultaba hablar. Simplemente no hay saliva, lo cual reseca los labios, mejillas, encias y obviamente impide totalmente la masticacion. De ahi la desesperacion por elementos blandos y humedos. Nada mas pasa por la boca. Es insoportable. El hambre se me fue y dio paso a la ansiedad. La gastroctomia alimenta, pero no calma la ansiedad de ingerir cosas por la boca. Mayoritariamente comi postres de chocolate durante la parte mas dura de las secuelas de la radioterapia, pero lentamente fui dando lugar a sopas y cremas que se convirtieron en un alivio.

La hipersensibilidad de la boca tampoco ayuda a que nos sintamos bien y querramos comer. Un simple error de condimentacion o el ingrediente menos pensado se puede convertir en un suplicio. Yo miraba toda la comida con desconfianza, por eso opte por comer solo casero. Algo demasiado dulce, un conservante, una pizca de picante, algo acido que contenga un jugo… cualquier cosa puede hacernos doler hasta las lagrimas. Evite todo, jugos comprados, golosinas, panes… era un suplicio, todo lo deseaba pero con nada me animaba.

Para prevenir el peligro de que se formen hongos es necesario realizarse enjuages. De 4 a 6 veces por dia. Un bajon. No son feos, pero son frustrantes.

Y lo peor fue la piel. Desde la mitad de la cara hasta el cuello comenzo a quemarse. Primero parecia un bronceado y luego… el desastre… a pelarme. Fui un monstruo. Mirarme al espejo me dolia y me hacia sufrir. De hecho, en la casa de mi madre tape los espejos del cuarto donde me quedaba y en mi casa solo quedo el del botiquin del bano… si hubiese podido tambien lo sacaba.

Me dijeron que no podia tomar sol, asi que me tuve que quedar recluida en casa. De cualquier forma no tenia muchas ganas de salir tampoco, me daba verguenza que me vieran asi, la cara de varios colores y encima un tubo saliendo del medio del estomago… fue horrible, estuve muy triste.

Al terminar la radio las secuelas en la boca siguen molestando. Por lo menos por un mes mas estuve sin saliva y hasta tres meses despues si bien paulatinamente ha ido retornando comer pan o bizcochos sin algun liquido al lado parece ser una odisea. El pan es mi terror, no hay nada mas incomodo que morder un panificado y que se vuelva una bola seca en la boca, no hay forma de tragarla y es necesario escupirla. Si hay gente, es verdaderamente vergonzoso. Nunca pude animarme del todo con la pizza. La combinacion masa mas tomate me hace temblar. Igual he comido alguna vez y reconozco que se trata solo de perderle el miedo.

Lamentablemente, cuando ya empezaba a comer casi normalmente (orgullosamente comia mani y galletas) la radio me hizo su ultima jugada. Comence nuevamente con dolores debajo de la lengua y me vi una pequena ulcera. Entre en panico y corri al medico. Me explicaron que se trataba de una ulcera radial, el ultimo contratiempo que me podia generar la radio. Las ulceras radiales son efectos secundarios de la radioterapia y segun me explico mi otorrino, no curan por lo cual su aparicion me enfrento a mi mayor temor: era necesario cirugia.