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Pastel Virginia de lentejas, espinaca y calabaza

Hoy espero a comer a mi prima Virginia, que nunca tiene tiempo para cocinar y siempre anda comiendo porquerías por ahí. Así que decidí hacerle un pastel bien casero para que alterne un poco el paladar…. y yo sé que ella agradece el mimo.

Es una receta super extra blanda, sana, protéica, nutritiva y con un mix de sabores que seguramente sorprenda. Se me fue ocurriendo en el momento así que puedo calificarla totalmente de mi autoría. Espero que la disfruten tanto como disfruté yo cocinándola y pensando en todos aquellos que dando batalla contra el cáncer de boca sé que agradecen cada receta blanda y delicada que aparezca para variar el paladar. Yo me quedo con las ganas… me toca licuar y pasar por la gastro… pero les aseguro que con el olfato y la imaginación me alcanza para sentir más o menos lo que probará mi prima en breve.

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Ingredientes

una taza de lentejas – una cebolla – un diente de ajo – un cuarto de calabaza (como tres tazas) –  una taza de avena – un atado grande de espinacas – cúrcuma – pimienta – sal – nuez moscada

Cocemos las lentejas. Hervimos las espinacas y la calabaza por separado.

Sofritamos la cebolla con el ajo y una vez que esté dorada agregamos las lentejas cocidas, sal y una pizca de pimienta. Pasamos por el mixer hasta lograr una pasta homogénea. Reservamos.

Licuamos las espinacas con una taza de avena, una pizca de sal y media cucharadita de nuez moscada. Reservamos.

Licuamos la calabaza hervida con una pizca de sal y una cucharadita de cúrcuma.

Colocamos en capas en asadera (yo utilicé una de 30×20). Primero la pasta de lentejas, luego la pasta de espinaca y finalmente el puré de calabaza y cúrcuma. Colocamos en el horno para homogeneizar temperatura unos 15 minutos (igual ya está todo cocido). Servimos!!!!

Y como siempre digo… cuando no llegamos a sacar foto del plato preparado….

Es porque estaba demasiado rico!!!!!!

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De brocoli!

Que voy a hacer con mis recetas ahora que volví a la gastroctomía??? Me pregunté… Y como ven, no subí recetas en días. Sin embargo, obviamente yo sigo comiendo y debo decir que sigo cocinando con el mismo amor y dedicación que antes. Así que se me ocurrió que era un desperdicio no subir mis recetas a pesar de estar simplemente licuando todo para pasar por la gastroctomía… acaso antes no veníamos con ese régimen de licuados igual??

Acaso no sería una injusticia que esta maravillosa ensalada de brócoli (verdura anticancerígena si las hay) no viera la luz de este blog!!! ???

wpid-20141021_214111Pues me pareció que si. Así que acá la vengo a presentar.

Necesitamos:

1 brócoli – 3 remolachas – un tomate – un trozo de tofu – una taza de arroz integral

Procedemos:

Hervimos las remolachas por un lado y luego de frías troceamos en pedazos pequeños. Troceamos el brócoli y lo hervimos separado, en poca agua y pocos minutos, solo para ablandarlo. Preparamos el arroz integral. Pelamos el tomate en con agua hirviendo (ésto no es imprescindible, pero en caso de comer con gastroctomía, la cáscara del tomate puede afectarla y es mejor retirarla). Troceamos el tofu.

Mezclamos todo en frío y agasajamos a nuestros invitados con una ensalada fresca y sanísima, condimentada con aceite de oliva, sal, orégano.

Nosotros colocamos en la licuadora con media taza de aceite y media de agua o hasta lograr la consistencia necesaria para una crema suficientemente blanda.

Nos partimos la boca. Al punto de que no tengo foto del plato de mi mamá… y se sabe que cuando no llegamos a sacar foto… es porque estaba demasiado rico.

Bon apetit!!

Sopa de col de campo

Acá en Uruguay no se le dice col al repollo, pero en España sí y yo leo muchos blogs españoles de cocina y se me ha pegado la palabra ”col”. Y me encanta, me gusta su sonoridad, su grafía y también me encanta la col o el repollo, como prefieran. Y como esta sopa es totalmente de mi autoría me permito llamarla como a mi me gusta sopa de col y le agrego el ”de campo” porque hoy la he preparado en una linda casa de campo o mas bien de playa pero bueno, de campo me gusta más y como ya dije, como la sopa es de mi autoría la llamo como quiero.

Me vine unos días a una casa de playa en Valizas, un balneario a unos 400 km de Montevideo al que vengo desde niña y que siempre me transmite mucha paz. En verano se llena de veraneantes y turistas por eso lo prefiero en éstas épocas e incluso en pleno invierno. Vinimos con mi prima y aunque el tiempo no nos ha favorecido el estar acá ya me ha despejado la mente, llenado de paz y transmitido una nueva energía para seguir encarando el post operatorio, los médicos y todas las idas y venidas de mi pequeño gran problemita de salud.

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Venirme me implicó superar algún miedo. Alejarme de casa, venir a un lugar sin atención médica cercana y alejarme de mi cocina. Tuve miedo de qué y cómo iba a comer pero me decidí, empaqué calmantes, la homeopatía y el mixer y me vine junto con mi prima a desconectarme.

Podría decirse que el tiempo no nos ha acompañado sin embargo los días nublados y de lluvia son igualmente aprovechables y estar alejadas de todo nos ha venido muy bien a las dos. Hemos leído, mirado películas y series, charlado abundante y comimos cantidad de cremas, sopas y yogures. Para nosotras, un éxito de escapada.

En mi miedo de no saber que comería también empaqué un repollo. No me juzguen. No quería dejarlo en mi heladera solo y supuse que teniendo el mixer en caso de emergencia podía hacerme una buena sopa licuada de repollo. Que puedo decir… hace mucho que no salgo y comer de verdad es un estrés. Hoy el repollo se convirtió en una maravillosa sopa de col de campo que ha sido todo un éxito de tarde nublada y ventosa. Acá va la receta

Ingredientes

Un repollo chico o medio grande – Medio morrón grande – tres zanahorias chicas – un tomate – una lata de arvejas – aceite de oliva – 1 cta cúrcuma – 1/2 cta nuez moscada – sal –  pimienta – humo líquido (opcional)

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Procedimiento

Cortamos el repollo y el morrón en tiras finas. Rallamos la zanahoria y cortamos el tomate en cubos.

Calentamos unas dos cucharadas de aceite en una olla, colocamos el repollo y lo salamos, vamos revolviendo constantemente hasta que notemos que queda blando, semitransparente y reduce como 2/3 su tamaño. Agregamos la zanahoria, el morrón el tomate y las arvejas. Revolvemos y agregamos una cucharadita colmada de cúrcuma, media cucharadita de nuez moscada y pimienta a gusto. Se le puede agregar una cucharadita de humo líquido (no hay que pasarse sino todo queda con sabor ahumado) yo aquí no tenía pero hice esta misma receta la semana pasada y queda espectacular.

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Cuando vemos que el tomate se ha deshecho un poco cubrimos con agua, tapamos la olla y dejamos a fuego lento hasta que hierva. Una vez que hierva lo dejamos unos 10 minutos más y luego apagamos el fuego y dejamos reposar unos minutos.

Yo pasé mi porción por el mixer, mi prima dejó la suya con las verduras en trozos. Cualquiera de las dos versiones ha sido un éxito. Le pusimos un poco de parmesano rallado aunque yo hubiese preferido salsa de soja, que no teníamos.

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No dejen de hacer esta receta y sobretodo, no dejen de animarse a salir, tomarse tiempo libre, alejarse un poco de sus casas, del médico, despejar la cabeza de los problemas y complicaciones diarios de la enfermedad. La tranquilidad y paz mental curan. Encerrarnos en nuestras casas es cómodo y lindo pero a veces también se necesita renovar un poco el aire.

Bon apetit!

Menú superblandito

Está bien, lo reconozco, no es que uno mire la foto de mi almuerzo y le vengan unas ganas desaforadas de comer conmigo pero la verdad es que no es tan malo como parece, de hecho, puede ser un éxito como lo han comprobado mis amigas que cada vez más se suman a comer lo mismo que yo en meriendas y cenas. Lo blandito y cremoso tiene su encanto. Tengan en cuenta que la presentación en tuppers no ayuda… pero si se imaginan estas mismas comidas en unas lindas cazuelas de barro la cosa cambia.

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En mi experiencia la variedad anima la comida y abre el apetito. Nadie quiere tomarse un litro y medio de sopa o licuado y es mas o menos lo que deberíamos tomar si atendemos a las porciones y cantidades con las que los preparamos. En vez de eso, mi técnica es comer un poquito de cada cosa, para dar variedad al paladar.

En todo caso la idea era mostrarles un menú variado y que fue un éxito hoy. Arriba a la izquierda tenemos (con un poco de imaginación) un sandwich de pan integral, tomate, orégano, aceitunas y levadura de cerveza. Todo con un poquito de agua y pasado por el mixer. Una delicia. Arriba a la derrecha tenemos una sopa de brócoli y champignones. Abajo a la derecha un tradicional guacamole y por último, abajo a la izquierda, un batido green de espinaca, pepino, manzana verde, jengibre y repollo blanco.

Observen que he roto la barrera de la sopa. Si, licúo sandwiches y tienen que saberlo: quedan espectaculares. Ultimamente estoy probando con cocinar normal y licuar y excepto algunas fallas, me ha ido muy bien.

Anímense.

Crema de boniatos asados

Hay algo que definitivamente me encanta y son los boniatos. Sobretodo el boniato zanahoria. Hablando con mi amiga Paula cuyo amorcete vive en una quinta me dijo que tenía cantidad de boniatos, que estaban en época de cosecha. Y como ella no es lenta ni perezosa a los pocos días se me apareció con unos boniatos de regalo.

Me negaba a desperdiciar semejante regalo de auténticos boniatos de chacra cultivados para mi con amor en un simple puré así que se me ocurrió que podía ”apuresar” (si, acabo de invetar un verbo) mi forma favorita de comer boniatos: al horno con hierbas.

Así que pelé y corté mis boniatos con una papa y los pasé tres minutos por agua hirviendo (truco que me enseñó mi mamá para lograr que formen costra luego en el horno, soy fanática de la costra de los boniatos al horno)

Luego los coloqué en una asadera, los bañé en aceite de oliva, romero y orégano. Revolví bien y los puse en el horno.image

Cuando estuvieron todos blandos y mi casa despedía un aroma insoportablemente rico a boniatos asados, los saqué, los coloqué en la licuadora con un vaso de agua y un generoso chorro de aceite de oliva y me quedó esta maravilla>

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No se hagan simples purés. Busquen la forma de encontrar los sabores que añoran. Ésta crema de boniatos quedó sencillamente espectacular. Una delicia y volver a sentir el sabor ahumado de los boniatos al horno fue un extra placer.

Mil gracias a Paulita y al Tiki por los boniatos del amor.

Arroz con leche (v)

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Reconozco que se me está haciendo cuesta arriba lo de licuar absolutamente todo. Estoy cansada y busco nuevos sabores. La ansiedad me lleva al azúcar y a lo dulce y no puedo evitar sentirme culpable cada vez que me doy atracones de postres comprados. Siento que me hacen tremendamente mal, son bombas de azúcar y lácteos. A eso se suma el hambre constante. Vivir a líquidos no es fácil. Así que se me ocurrió hacerme un arroz con leche, es algo que siempre me ha encantado y decidí probar de hacerlo con leche vegetal y luego licuarlo. Me quedó riquísimo y no me duró nada, así que ya voy a tener que hacer más… dejo la receta:

Ingredientes: 1 lt de leche de avena, 3/4 tazas de arroz, ralladura de cáscara de un limón, media rama de canela, 2 cucharadas de azúcar. Canela molida para servir.

Preparación: Hervir 3 minutos la leche con la ralladura y la rama de canela, revolviendo suavemente. Agregar el arroz y dejar hirviendo a fuego bajo durante unos 30 minutos. Controlar que no se acabe el líquido y agregar más si es necesario. Una vez terminado agregar el azucar y revolver.

Para quienes puedan masticar, ya está listo, para los que necesitamos licuado… a la licuadora. Se sirve con canela espolvoreada y además de ser delicioso es sumamente llenador.

Espero que lo gocen!

Yogur vegano

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Dicen que los esquimales pueden distinguir entre 30 tipos de blanco y que tienen 40 nombres para lo que nosotros denominaríamos genéricamente ”nieve”. Yo puedo distinguir unos 25 tipos de textura diferentes dentro de lo que la gente denominaría simplemente ”crema” o ”licuado”. No será un superpoder, pero es la habilidad que desarrollé.

El asunto es que me decidí a lograr la textura del yogur en mis licuados de frutas, para así prescindir de una vez por todas del maligno lácteo adictivo. Y lo logré. Lo he dado a probar a mis amigas con gran éxito así que estoy muy contenta. Ahora desayuno y meriendo yogur con granola (si, granola, ahora les cuento como la como) sin culpa y sanísimo.

Necesitamos: 3 manzanas – una cucharada de chía – 2 bananas – una taza de frutillas – azúcar – ramita de canela

Pelamos y cortamos las manzanas y las ponemos a hervir con dos cucharadas de azucar y una ramita de canela. Mientras esto se hace, colocamos la chía en un vaso con agua y la dejamos que se vuelva gelatinosa.

Una vez que las manzanas están blandas, esperamos que se enfríen un poco y metemos a la licuadora todo, manzanas con su agua, chía, frutillas y bananas.. Dejamos reposar un poco y listo. Nos queda un delicioso yogurcito. Supongo que es porque la chía gelifica en líquido y por eso queda con esa textura a yogur. La verdad no lo sé, pero queda buenísimo.

Que cómo le hago para comer granola?? Muy simple. Me compro la granola sin miel, un mix delicioso que hace un amigo mío que hasta castañas, nueces y dátiles tiene y cuando me lo trae lo paso por la uno dos tres y lo vuelvo polvo. Luego lo agrego a cucharadas a mis batidos y listo. un combo extra super sano y delicioso.