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Sobredosis de amor

De un momento a otro ser diagnosticada de cáncer me cambio la vida. Apenas tuve algunos días para juntarme con algunos amigos y contarles lo que me estaba pasando. Inicié la radioterapia y enseguida me coordinaron la primera quimio. Arreglé para irme a lo de mi madre (bueno, mi madre casi me secuestré, pero es lo mismo), asustada por todos los efectos secundarios que escuche que tendría. Dejé de trabajar.

Mi primer quimioterapia fue tremendamente dura. Yo me encontraba debilitada después de meses de comer mal y la dosis fue extremadamente fuerte. Terminé internada. Pase navidad internada y el 31 de diciembre me dejaron ir del hospital a la tarde porque no me quedó un solo funcionario al que no le pedí por favor que me dieran el alta. Obviamente, luego de la internación volví a lo de mi madre y ahí se me dio un fenómeno de lo mas curioso que me parece importante compartir.

En la casa de mi madre obviamente gocé de todos los cuidados y el amor posibles. Ella se encargaba a la mañana de cocinar las verduras y otras comidas para luego pasar por la gastroctomía, traerme el preparado a la cama, darme los medicamentos, controlar la cantidad de agua que tomaba, prepararme la ropa y llevarme a la radioterapia. Acomodar la casa, dejarme dormir una pequeña siesta luego de la radio, traerme el almuerzo a la cama, nuevamente los medicamentos y así todo el día. Yo me limitaba a mirar series, contestar mensajes, navegar por internet, buscar información sobre lo que me estaba pasando. No recibía mucha visita. No la quería. No me gustaba que me vieran postrada, no me gustaba la gastroctomia, no tenia ganas de que nadie me viniera a compadecer y ademas, hablar me cansaba, me secaba la boca y terminaba siendo muy incomodo. Por lo general concentraba varios amigos un mismo día y a una misma hora y los dejaba hablando entre ellos.

Lo mismo sucedió después de la operación. Fui a lo de mi madre. No podía hablar, apenas comer cremas que debían ser preparadas con un punto exacto de deslizamiento y temperatura. Volví a no querer ver gente, me daba vergüenza que me vieran así.

En ambas oportunidades caí en profundos pozos depresivos. No quería levantarme, lloraba todo el día, no encontraba consuelo. Y en ambas oportunidades la solución que encontré fue la misma. Volví a mi casa. Volví a vivir sola, a hacerme cargo de mi. A prepararme mi propia comida, a tener que ir al supermercado para aprovisionarme a vivir normalmente la cotideaneidad. Para nuestros acompañantes más cercanos puede parecer confuso u ofensivo, pero la sobredosis de amor creo que nos enferma más. Por lo menos a mi me enferma más. Sentirme inválida, sentir que necesito que me lleven de un lado a otro, que me preparen la comida, sentir que observen cada una de mis acciones e intenten colaborarme con ellas me altera los nervios.

En las pequeñas cosas del día se me va el tiempo, hasta llegar al punto de darme cuenta que no he logrado hacer en el día todo lo que quería. Y eso me alegra. Me hace sentir viva. Y por sobre todas las cosas me hace olvidarme de la enfermedad. Preparar sopas y cremas, buscar las recetas, ir a comprar los ingredientes, seleccionarlos en la feria de la mañana, buscar en el supermercado los elementos que pude no haber conseguido, preparar las verduras, cocinarlas, encontrar la textura perfecta, el sabor indicado, utilizar esa especia que hará la crema deliciosa. Pero también aprovechar para encargarse del hogar, de todo eso que no hacemos. Ordenar, pintar un mueble, ir a comprar un libro, recorrer todas las librerías y volver sin ninguno, escuchar un programa de radio sin hacer nada más y sin que nadie lo haga por nosotros.

Y la soledad también hace que busquemos la compañía. A pesar de no hablar del todo bien, puedo invitar gente a tomar una sopa conmigo. Se convierte en mi tarea del día. Preparar algo rico para agasajar a alguien.

Este post tiene como finalidad reivindicar la necesidad de mantener dentro de lo posible la normalidad de nuestras vidas. Reivindicar el aspecto terapéutico de hacernos cargo de nosotros mismos. Quienes nos acompañan a veces se desviven por solucionarnos todos los aspectos de la vida y nos anulan. Sobredosis de amor le digo yo.

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Uno de esos dias…

Hoy es uno de esos dias.

En los que me siento triste, desgraciada, furiosa. Odio que me hablen. La frase que mas odio es “tenes que ser fuerte”. Hoy no quiero ser fuerte, quiero llorar y que me abracen. Y quiero comer.

Porque como siempre, estos dias surgen siempre en empujes de complicaciones bucales y luego de mi operacion verdaderamente que las tengo. Llevo 11 dias “alimentandome” con pequenas porciones de postres de chocolate, vainilla y flan. Mitades de vasos de yogur, sopas crema y licuado de banana. El dolor no me deja consumir mas de unos 30 ml por vez. Y tengo que ser fuerte y no llorar? A la mierda todos. Yo soy fuerte y soporto toda esta basura constantemente y pongo una sonrisa y escribo recetas para que si alguien mas tiene esta dolencia pueda hacer mas llevadera su enfermedad. Pero hoy no. Hoy quiero llorar y quiero comerme un plato de pasta, una pizza, morder algo.

Como nada de eso puedo me fui a pasear, fui a la feria, me compre un monedero feo, un libro barato y un cactus. A la vuelta hice un surtido de postres en el supermercado. Ahora intentare leer el libro o pintar algo. Me compre lapices de colores acuarelables ayer y quiero probarlos. Siempre fui pesima pintando, pero no me importa, me siento frente a la estufa y si me deprime aun mas el resultado del dibujo ya tengo donde descartarlo.

Mi madre cocina su sopa de puerros que es mi locura. Hoy la va a licuar, algo que no se hace en la receta original. Con un poco mas de animo la subo despues.

En todo caso, solo queria reivindicar nuestro derecho a estar tristes de vez en cuando. No digo que se vuelva una actitud vital. Pero al menos, tenemos derecho a que a veces no se nos cruce nadie y nos diga “tenes que ser fuerte” porque mismo que lo somos.

CARTA A LA FAMILIA Y AMIGOS

CARTA A LA FAMILIA Y AMIGOS.

Esta carta es utilizada por mujeres francesas que padecen cancer de mama para comunicar a sus familias que esperan de ellos y tambien para agradecer a quienes las acompanan. El texto completo se encuentra en el link y a continuacion cito la parte del agradecimiento, con la que me siento profundamente identificada.

“Gracias

A vosotros nuestros maridos, compañeros , a nuestros amores

A todos vosotros , familia, amigos, colegas, relaciones próximas o lejanas que nos habéis cuidado , que habéis querido y sabido estar ahí:

Gracias a vosotros que guardáis en lo más profundo de vuestra piel, de vuestro corazón, las marcas de nuestros arañazos, de nuestro sufrimiento físico y moral, de nuestro rechazo, de nuestra desesperación, de nuestras angustias ,de nuestros miedos, y llamadas de atención, es a vosotros a los que os hemos gritado, a veces, en silencio, es el hartazón de los tratamientos, de las pruebas …

Gracias por haber comprendido que se trataba de NUESTRO cáncer, de haberlo reconocido y tenido en cuenta en vuestra actitud, de haber aceptado nuestra agresividad( que estaba presente ) en la disociación de nosotras: era el cáncer quien hablaba …

Gracias de no haber olvidado a pesar de nuestro físico ,  nuestra imagen deteriorada, que seguíamos siendo mujeres.

Gracias por haber comprendido que a pesar de todo vuestro afecto, no podríais ESTAR EN NUESTRO LUGAR y en lugar de decir “ estoy aquí”, de haberos comportado así sin necesidad de decirlo.

Gracias por haber sentido que nosotras estábamos “entre paréntesis” y estar con nosotras sin haber pedido nada a cambio.

Vivimos juntos “para lo mejor y lo peor ” y desde hace algunos meses o algunos años, os ofrecemos lo peor y vosotros lo mejor. Pero sabéis que si los roles se cambiarán, de mi parte sería lo mismo…

Gracias por haber luchado y combatido siempre con nosotras, por ayudarnos  a redibujar y recolorear nuestros labios de una sonrisa, por habernos permitido no perder la luz de la esperanza de nuestros ojos.
Gracias por haber estado y ser vosotros por nosotros. Gracias por habernos permitido ser nosotras mismas.
Nuestro reconocimiento es en la medida de nuestro amor: inmenso.”

Los sintomas

No puedo definir bien la fecha de cuando aparecio, pero me salio un bulto debajo de la lengua que fue creciendo y volviendose lentamente cada vez mas molesto. Puedo afirmar que desde julio de 2013 y durante meses consulte varios otorrinos en mi sociedad medica (el CASMU) por el bendito bulto. Me daban antibioticos y me mandaban a casa. El bulto no cedia pero como no dolia yo debaja pasar un tiempo y volvia a consultar y nuevamente me daban antibioticos.

Finalmente empezo a doler, despacio, tontamente. Inconscientemente empece a cambiar mi dieta para elegir cosas blandas, que no exigieran mucha masticacion. Fui de nuevo al medico, nuevamente me vieron otorrinos e incluso una me corto el bulto asegurandome que se trataba de una obstruccion de la glandula salival; no salio nada del corte y yo segui dolorida como antes.

Empece a tomar casi exclusivamente liquidos por el dolor al masticar. Obviamente empece a bajar de peso y mi madre lo noto. Le comente lo que me pasaba. Ahi intervino mi tia, Rita, quien es medico y enseguida fue a verme. No le gusto nada lo que vio y a los dias me llevo con un otorrino de su confianza en el hospital donde ella trabaja. El hombre me vio, puso cara seria, me pregunto si me habian hecho una anatomia patologica y le dije que no al borde de las lagrimas por el dolor. Saco su celular y llamo al director de otorrinolaringologia de mi sociedad medica, me consiguio una cita para el dia siguiente.